jueves, 8 de marzo de 2018

2do Capítulo: El Tiempo






Los años pasaron y Manuel se encontró instalado en los sesenta. Le extrañaba la lentitud del tiempo, que pasaba en cuentagotas, como si el taller fuera un espacio protegido de las prisas. Cuando le hablaban sobre la rapidez con que pasan los días, sabía perfectamente que a él, el tiempo, le pasaba despacio. Quizás porque construir una marioneta costaba una eternidad, corta según el tiempo de afuera pero larga para él, obligado a estirar los minutos y las horas para cada muñeco.

Esta sensación del tiempo que pasaba despacio se hizo tan intensa, que decidió averiguar la verdad. ¿Era realmente así? ¿Hacía trampa al tiempo o era el tiempo quien le hacía trampa?

Decidido a aclarar el misterio, se encerró en el Aposento una semana entera, a un régimen de pan y agua. Se obligó a percibir el paso del tiempo, algo que no le era ajeno. Se sentía dando vueltas sobre sí mismo, rodeado de todas las criaturas que había creado, como si para percibir al tiempo tuviera que convertirse en tiempo, rotando del mismo modo que rotan los astros, las partículos y todo lo que goza de tiempo propio.

Una semana que acabó. Cuando abrió los ojos, después de permanecer los últimos días en un estado de ensueño y de sopor, se los tuvo que frotar un par de veces antes de comprender lo que tenía enfrente.

Un huevo.

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