lunes, 12 de marzo de 2018

6º Capítulo: La Gran Huída

(Versió en català)


Escuchaba estupefacto Manuel las palabras del Aedo. ¿Pero qué diablos decía aquel trozo de madera que hablaba con su propia voz a través de la boca articulada, mientras lo miraba fijamente desde sus ojos de vidrio?

Utilizaba la voz que él mismo le había dado, profunda y distante, y tenía la sensación de estar escuchándose a sí mismo. ¿Se lo estaría inventando todo él solito haciendo hablar a la marioneta? Pero la verdad es que era el muñeco quien hablaba, con una voz que aun siendo la suya, llegaba de muy lejos, de unas abismales distancias que iban más allá de la madera y del Aposento.

La razón le decía que lo mejor era echar a correr antes de ser comido por aquella lógica que decía que los títeres hablan, saltan y se mueven como monos. Pero permaneció en el Aposento, clavado en la silla. ¿Para qué huir? Aquel era su mundo, y los títeres, sus criaturas. ¿Qué tenía que temer? ¿Volverse loco? Hacía tiempo que sospechaba que algo chiflado ya lo estaba. Por otra parte, ¿qué sentido tenía negar la realidad? No estaba soñando y el Aedo seguía frente a él, esperando que le invitara a hablar, después de haber callado al ver la cara de  Manuel.

- ¿Y qué pasó entonces?

No podía sonreír la marioneta porque la articulación de la boca no lo permitía, pero le pareció que sí lo hacía al oír su pregunta.

- La situación se volvió tan insufrible, que aquellos títeres atrapados en los viles retablos de los humanos decidieron escapar. Huyeron a las estrellas de las que habíamos venido, y aún más lejos, instalándonos a escondidas en planetas de otras galaxias, donde ni los dioses ni los humanos podrían restringir nuestra libertad. Fue la Gran Fuga, cuando abandonamos los mundos creados por los dioses contradictorios y por los humanos que se creían más sabios que los mismos dioses. Al otro lado del Universo, libres de nuestros cuerpos de madera, pudimos desprendernos de los guantes, hilos y varillas.

Allí hemos vivido durante millones de años, felices después de haber olvidado a los humanos y sus tristes historias de guerras fratricidas. Pero los millones de años no han servido para borrar una verdad incontestable, y es que nuestra suerte estaba ligada tanto a los dioses que nos habían creado como a los humanos hechos para servirnos. La libertad que gozábamos era un espejismo y tarde o temprano tendríamos que regresar.

Fue muy difícil tomar la decisión, pero al fin se impuso aquella necesidad profunda. Y gracias a los poderes de nuestra imaginación, pudimos instalarnos de nuevo en este sistema solar donde reina el Sol que todos conocemos.

Habíamos vuelto, sí, pero no podíamos pisar el suelo de la Tierra. El viejo planeta nos cerraba las puertas. Aquí, los títeres sólo podíamos estar si se cumplían las viejas condiciones.

Es así como algunos de los que habíamos vuelto tras cruzar los espacios y las galaxias, nos metimos en los cuerpos de lo que había quedado de los antiguos títeres de antaño: estos seres de madera, ropa y cartón con los que los actuales titiriteros ejercéis vuestra profesión. Por mucho que nos ofendiera, no nos quedaba otro remedio. Pero teníamos un plan...

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