martes, 6 de marzo de 2018

I Parte: el Huevo. 1er Capítulo: Manuel




 
El taller era su casa, las marionetas su familia. Se llamaba Manuel y fue famoso titiritero hasta que murió Eva, su mujer. Se apartó entonces del mundo, e inició su carrera de artista solitario. 

Desde entonces, salieron de sus manos, año tras año, espectáculos refinados y desconcertantes. Más que explicar historias, explicaban personajes. Y así, poco a poco, su taller se convirtió en museo y teatro. 

Desconcertó la serie de los Pericos, este héroe de los putxinel·lis catalanes, hoy prácticamente desaparecido, y que él había trasladado a la marioneta de hilo. Le fascinaba que hubiera sido una figura desdibujada por las múltiples caras talladas por los maestros. Admiraba la libertad de la tradición catalana, que permitía a cada titiritero inventar sus propios héroes, la mayoría con el nombre de Perico, que no siempre eran héroes, sino simples protagonistas de sus historias[1]

Estaba el Perico Miel y Pote, el Perico de la Nariz Rota, el Perico de la Barbilla de Cabrón, el Perico del Medio Vaso Vacío y el Perico del Medio Vaso Lleno, el Perico Partido por la Mitad, el Perico Soñador, el Tranquil Perico, que procedía de una vieja estirpe de personajes que llevaban el nombre de Tranquil, o el Perico del Cohete en el Culo, clásico personaje del tipo culo de mal asiento, el Perico Perico, redundancia que infundía un fuerte carácter al personaje, el Perico Tarzán, que vivía en la selva con la mona Chita, el Perico de Can Raspall, una masía de las montañas del Montseny de reconocida antigüedad, o el Perico del Patio del Hospital, médico chapucero y enterrador de muertos[2]

Otros personajes eran Perot Delcamp y Gat i Llepa, bandoleros del Garraf donde ejercían sus labores arraigados al terreno, el Capitán Cazalla, un pirata de la Isla de las Tortugas, la Celestina del Ampurdán y Diosnosayude, dos personajes de Palafrugell. Tenía una especial debilidad por la Bruja de la Fuente de la Eterna Juventud, de cara goyesca y dos agujeros en los ojos, o por Roc i Guinardó, un fantasma de Barcelona que habitaba en el barrio que lleva su nombre.

Nacían sin historia, pues decía Manuel que cada uno la llevaba en su cara y en su nombre. Y habría que añadir en sus vestidos, por el cuidado que les ponía. A medida que nacían, colgaba sus marionetas en los ganchos, cuerdas y poleas del Aposento, el sanctasanctórum del titiritero, allí donde Manuel escondía sus tesoros. No todo el mundo podía entrar. Sólo los amigos y discípulos más íntimos. A pesar de los intentos de algunos museos de la ciudad, que le pedían piezas para sus colecciones, las marionetas nunca salían del Aposento.

De los personajes de la tradición, mantenía a raya a la Muerte, no porque le asustara, sino porque la conocía demasiado, decía él, y por eso marcaba distancias con la Pálida Señora, a diferencia de la mayoría de los titiriteros, que la usan como Dama de exhibición. Esto no quiere decir que no tuviera ninguna, ya que es casi imposible que un titiritero, especialmente en Barcelona, ​​no tenga en su compañía a la figura del Esqueleto. Su Señora iba muy bien vestida y era como dios manda, inquietante y terrorífica. Parecía que la verdadera hubiera posado ante Manuel para ser copiada. 

Colgaba en un rincón del Aposento, vestida con elegantes capas y mantillas negras. La trataba con el respeto que merecía, como a una vieja amiga a la que se le pone piso y se le paga una pensión, con la esperanza de que se sienta satisfecha y te deje en paz.

Había un lugar especial en el Aposento donde habitaban dos títeres de guante que había comprado en los Encantes de la ciudad. Residían en una urna de cristal, de esas que los curas usan para guardar imágenes y reliquias. Los había llamado Kalim y Kilam, convencido de que tales eran sus nombres reales. Pero la verdad es que no sabía nada de ellos, ni a quién habían pertenecido. Sorprendían sus ojos, de mirada viva e inquietante. Entendía que uno de ellos era del sexo masculino y el otro femenino, aunque tanto podían serlo uno como el otro.

Kalim y Kilam, Kilam y Kalim... Llevaban vestidos viejos y gastados, con intrigantes manchas en los bordes de sus almas, quizás de sudor o de sangre, pensaba, como si los hubieran cosido a los brazos del manipulador.
                                                                                                      

[1] En la tradición catalana de los títeres populares, el héroe protagonista no fue Don Cristóbal Polichinela como en el resto de España, sino que tuvo varios nombres según decidía cada maestro titiritero. Se conocen los nombres de Titella (también usado como denominación genérica de los títeres), Perico, Tranquil, Tit, siendo el más usado y el que ha llegado vivo a la actualidad Perico. Don Cristóbal derivó en el personaje secundario de Tòfol, rico y tontorrón, rival en el amor de Perico.

[2] Esta multiplicación de Pericos creados por Manuel es algo que se sale completamente de la Tradición, una particularidad titiritera de nuestro personaje, fruto de una pulsión inexplicable que sin embargo ha resultado ser determinante para el desarrollo posterior de esta historia. Quizás se explica por el traslado del personaje de Perico, siempre tratado como títeres de guante, al mundo de la marioneta de hilo, más dado al desdoblamiento.

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