jueves, 5 de abril de 2018

2º Capítulo (2a parte). La combustión




Fumaba sin fumar. Decubrirlo lo dejó absorto y maravillado. Era una percepción nítida de una cazuela que tenía la forma de un huevo roto en el que ardía sin quemar el combustible de su vida, todo lo que había hecho y sido a lo largo de los años, mientras caminaba por la arena mojada. Sí, su propia vida era parte del combustible que necesitaba para mantener encendida aquella pipa misteriosa que se confundía con el huevo y que generaba una niebla que tenía el color de la angustia que llegaba ahora exultante.

Aquella mezcla de angustia y de euforia era una poción perversa, un veneno que lo obnubilaba pero a su vez lo excitaba y lo empujaba a un optimismo desmesurado. Y aquel humo que le mareaba y le picaba los ojos, produjo un efecto inquietante. Se vio a sí mismo, o más bien aquella parte de la persona que uno se imagina que es y que se sitúa en la cabeza, la vio bajar como un globo que se desprende de las argollas que lo sujetan arriba, hasta alcanzar la superficie de la cazuela donde se realizaba la combustión de su persona.

Se sintió todo él rodeado por aquellas emanaciones que salían de la pipa en que se había convertido, la razón completamente cegada, pero sin problemas de respiración, ya que por suerte la nariz la seguía teniendo donde siempre, por lo que siguió caminando tan tranquilo, respirando a fondo las bocanadas de luz negra que venían de abajo y el aire salado del mar, mientras se veía a sí mismo descendido y fumado por el huevo que se había vuelto pipa. Y ese mirarse a sí mismo desde esa nueva altura sabiendo que su razón permanecía en estado de levitación sobre los chup-chups de la cazuela de la barriga, le provocó un ataque de risa.

Pero entonces, ¿quién demonios soy yo?, se preguntó, ¿aquél que se contempla fumándose a sí mismo o aquél fumado de abajo? Había dos 'aquéllos' o dos 'yoes', claro, el de abajo y el de arriba, ¡pero alguno debería ser más 'yo' que el otro! Pensó que lo mejor sería quedarse con el que sabía de lo que estaba hablando, porque el de abajo se encontraba algo menguado en sus facultades. Se tronchaba, reía como un loco. Se dio cuenta de que el de abajo seguía vivo, disfrutando de la combustión de la que era objeto pero 'con los ojos cerrados', por decirlo de alguna manera, porque el de arriba los tenía muy abiertos.

La situación se estabilizó y sintió un descanso interior. El caso es que se estaba fumando y que esto era lo más lógico y agradable del mundo. Fijándose un poco en la percepción de sus dos yoes que se hallaban tan entretenidos, se dio cuenta de que el aire se le llenaba de las imágenes que salían de la cazoleta de su huevo interior. ¡Era la película privada de su vida, vista desde esa mezcla de angustia y de euforia, el material sensible de la combustión de la pipa, que le resultaba exultante por la nitidez de la visión!

Fue bonito entretenerse con las escenas de aquellos primeros años de profesión, viajando con Eva por los cinco continentes mientras inventaban los personajes y las historias que los envolvían. Y luego se vio en el taller, creando mundos nuevos para sus títeres y los espectáculos que maravillaban a los visitantes. Más tarde, volvió a vivir su estancia en el Aposento y la aparición del huevo, con los hechos posteriores ya conocidos. Y comprendió que aquella mirada iba más allá, dotada de una calidad de vivencia que le permitía revivir siempre que lo quisiera todo lo vivido. Caramba, pensó, ¡me podría pasar la vida entera viéndome a mí mismo reviviendo mi vida!

Y entonces tuvo un nuevo choque, porque de repente se vio a sí mismo obcecado en las visiones interiores que le proporcionaban sus 'yoes', los dos que yacían atrapados en el quehacer de la combustión de la pipa en su interior, y esta visión le provocó un nuevo ataque de risa, aún más alegre y liberador, ya que era evidente que aún había otro 'yo', un 'tercero' que se lo miraba todo desde afuera, no desde la cabeza, sino desde aún más arriba, quien ya no tenía ganas de fumar pipa alguna sino simplemente de pasear arriba y abajo por donde se le antojaba. Este 'tercero' era él, por supuesto, libre de los otros dos 'ellos' que se entretenían abajo con la pipa y sus imágenes, de los que había salido gracias a los efectos de aquel humo de la pipa que lo había empujado hacia arriba, humo que ahora se había convertido en el aire normal que respiraba, un aire que le permitía hacer lo que quería, a pesar de seguir caminando por la playa como estaba haciendo, con la pipa vacía en los labios, mientras el agua del mar le mojaba los pies y la ciudad empezaba a dejarse cubrir por las sombras de la noche.

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