miércoles, 23 de mayo de 2018

15 Capítulo (2a parte): Venus




- Quizás haya llegado el momento de visitar Venus, Manuel.

No se esperaba aquella salida del guía, tras el largo silencio que había sucedido al ataque de risa, reunidos en aquella terraza medio oculta en las alturas de la Sagrada Familia. A lo largo de sus disquisiciones sobre la Extravagancia, habían acudido una quincena de sus títeres, que gozaban encantados del panorama de la ciudad a sus pies.

Vio que estaban los Pericos, aquel repertorio de personajes protagonistas de muchos de sus espectáculos. Se habían desprendido de su persona, emancipados no sabía muy bien si por voluntad propia o por la de los Pericos. Obsesiones suyas de madera que ahora hacían lo que les daba la gana. No tenían nada que hacer, aunque habitaban alrededor de su persona. Según el Poeta, lo necesitaban para escapar del planeta, pero era una razón povo convincente. No se tragaba los relatos mitológicos que habían representado en el teatrillo de Pueblo Español. Muy bonitos, pero no eran los suyos. Quizás estaban allí para ayudarle a construir la Extravagancia, que ellos necesitaban para girar por los mundos en libertad. Esto tenía sentido. No demasiado, en realidad, pero a él ya le iba bien.

Salvo el Poeta, que de vez en cuando se explayaba con ese tono que se sabía de memoria, los demás hablaban poco, por no decir nada. Sólo Kalim y Kilam se permitían chillar como unos poseídos en los momentos más inesperados, pero los demás solían mirar y callar.

El Perico de la Barbilla de Cabrón, cuya mirada traviesa representaba la parte más sarcástica y pérfida del personaje, le dirigió la palabra.

- Je, je, je, Manuel, no sabes ni por dónde empezar. Qué fácil cuando teníamos hilos y nos sometías a tus designios, siempre paupérrimos, sin sentido alguno. Y ahora necesitas al señor Quinqué, eres incapaz de volar en libertad.

El Perico de la Nariz Roja saltó en su defensa.

- No le hagas caso, Manuel, estamos aquí para ayudarte. El Barbilla siempre ha sido muy malicioso.

Pero lo has tratado mejor que a todos nosotros, no sé porque...

El Perico del Medio Vaso Vacío dijo:

- Realmente, no veo cómo saldremos de esta.

El del Medio Vaso Pleno replicó:

- Cuando el arroz hierve, vigila que no se pase.

En ese momento el Poeta, absorto hasta entonces en su pensamiento, dejó de pensar y dijo:

- Escuchemos como el fuego se eleva y la devoción se hace humo.

Levantó las manos y la Sagrada Familia entera se convirtió en un espacio teatral de estos tan conocidos por el Aedo, con las torres echando humo y al rato en llamas como teas encendidas. Todo se volvió rojo y caliente, la piedra gris de Montjuic con la que se ha construido el templo se volvió negra como el carbón, y se encontraron sentados, Manuel y el señor Quinqué, sobre dos rocas que pese al calor que desprendían, no quemaban.

- Bienvenido a Venus, Manuel! -exclamó lleno de excitación Quinqué, al ver cómo habían saltado de un lugar a otro-. Tengo que decir que nunca había viajado tan rápido a este planeta al que, según se sabe y es costumbre en estas esferas lejanas de la Tierra, suelen acudir los difuntos una vez han aprendido las lecciones de Mercurio y quieren continuar su ruta en dirección al Sol. Y comprendo que nuestra plataforma de lanzamiento haya sido la Sagrada Familia, que no deja de ser una hoguera de piedra en medio de la ciudad, con las torres que se elevan como llamas de fuego y que por eso atrae tanto la atención de los mortales. Pero la relación con Venus se explica porque es aquí donde se resuelve este galimatías de las diferencias de credos y religiones, al igual que la Sagrada Familia es la catedral universal que junta y supera las creencias del mundo, por absurdas y rebuscadas que sean. La razón es esta virtud que siempre ha tenido Venus de ser una divinidad de las que unen los opuestos a través del buen gusto, de la estética y del humor. Y fíjese si es inteligente la naturaleza humana, que ha sabido crear en la Tierra, gracias a la inspiración del arquitecto Gaudí, un lugar capaz de hacer lo que en el mundo de la Ultratumba hace Venus, por lo que a la larga a los vivos les bastará visitar la Sagrada Familia, ahorrándose los rigores y la estancia siempre pesada a este planeta sometido a un incendio tan monumental.

Se encontraba Manuel en un estado de shock atenuado por las palabras del guía, que le ayudaron a adaptarse a un espacio tan difícil de definir y que parecía tan peligroso, aunque se daba cuenta de que el fuego no le afectaba y podía seguir respirando tan tranquilo.

- Ya sabe, Manuel, que la agencia Mercurio cuida a sus clientes como no podríamos dejar de hacer en una visita tan singular como es la del planeta Venus, el más parecido al nuestro pero que hace millones de años perdió sus aguas y el color azul del cielo, rodeado como está de nubes y de gases de todo tipo que crean un efecto invernadero espantoso, lo que explica esta calor que sube a más de cuatrocientos grados centígrados, algo insoportable. Ya sabe lo que dicen los ecologistas, que si no espabilamos corremos el peligro de convertir la Tierra en un infierno como Venus, lo que ahora nos parece imposible pero que yo tendría muy en cuenta.

Y hablándole al oído, como hacía a veces cuando no quería que nadie lo oyera salvo su cliente, dijo:

- Dicen que la señora Venus, conocida también como Afrodita, vive muy bien en la Tierra, escondida con nombres falsos y disfrutando de propiedades espectaculares. Aunque le gusta mucho rodearse de llamas a las que está acostumbrada, pasa como quien dice los veranos en nuestro planeta, en temporadas cada vez más largas. Parece ser que le gusta la playa y tomar el sol, porque en su planeta éste ni se ve, tapado por tanta nube oscura, aunque esté mucho más cerca. Ya puede imaginarse que uno de sus destinos predilectos sea allí donde pueda gozar del sol de España, que es uno de los mejores del mundo. ¿No lo encuentra fantástico, Manuel?

El paisaje que los envolvía era infernal y siniestro, y se acercaba bastante a las imágenes que tantas veces había recreado en sus espectáculos, cuando mostraba las calderas de Pedro Botero y sus dominios, rodeados de llamas y de agujeros volcánicos que sacaban fuego por todas partes.

- No deja de ser extraño que a una divinidad tan refinada y llena de buen gusto como es Venus le haya tocado este planeta inhóspito, al menos para nosotros, acostumbrados al regalo atmosférico de la Tierra. Pero aquí tenemos que prescindir de los prejuicios y los puntos de vista terráqueos, los cuales son muy apropiados cuando estamos en casa, pero no cuando salimos de ella. Eso lo aprendemos poco a poco los humanos, sobre todo gracias al turismo, que sirve para enseñar a las masas sin que ellas se den cuenta, ya que la primera lección que nuestra agencia imparte a los forasteros que nos visitan, es que en cada lugar las cosas se viven y se hacen de manera diferente, y que para asegurar una buena estancia, lo mejor es olvidar las reglas propias y disfrutar de las ajenas, que son las de cada lugar. Una recomendación que, todo hay que decirlo, les entra por un oído y les sale por el otro. Pero aún así, durante los pocos segundos que atraviesa el cerebro, nadie puede impedir que la recomendación quede impresa en las neuronas de los turistas, por lo que quieran o no, la idea se les fija en la cabeza, aunque luego, por supuesto, no le hagan ningún caso. ¿No le parece de cajón?
Asintió Manuel aunque escuchaba sin escuchar, dejando que las palabras le entraran por sí solas pero sin hacerles caso, atrapado como estaba por las sensaciones producidas por aquel planeta tan diferente al suyo. Actuaba como lo hacían los turistas cuando recibían las instrucciones de la agencia Mercurio, lo que no parecía molestar al señor Quinqué, al continuar hablando como si nada, contento de ser escuchado sin serlo.

- Fíjese Manuel como este entorno, tan hostil a la vida, no lo es para determinadas ideas y pensamientos y aún menos para otras formas y presencias de las que está lleno el Sistema Solar, de carácter más etéreo e intangible, si quiere usted, pero no por ello menos reales, aunque sutiles y poco visibles. En cierto modo, los difuntos entran en esta categoría de ser, una vez desprendidos de sus cuerpos, que son como las armaduras de carne que se quedan en el suelo, mientras lo que hay dentro despega por los espacios, como cohetes encendidos por la muerte y disparados hacia lo desconocido. Muchas veces, estos cohetes se quedan en simple humareda y en agua de borrajas, esto es verdad, pero no siempre, ya que la voluntad humana es muy terca y lo que queda de determinadas personas se resiste a desaparecer, aunque sólo sean la sombra de la sombra que fueron. ¿Y qué es una sombra de una sombra? Bien poca cosa, dirá usted, y tiene toda la razón del mundo, pero para el que se ha quedado tan escaso, sigue siendo mucho, al ser lo único que tiene, razón más que suficiente para insistir en seguir siéndolo. ¿No le parece?

Se dio cuenta Manuel que se había escindido en dos, ya que una parte de su persona escuchaba con cierto interés las palabras del guía, que al abordar el tema de los difuntos había logrado captar su atención, mientras que la otra parte se preguntaba si todo aquello lo estaba soñando o viviendo en la realidad. Por un lado, era imposible negar lo que veía, rodeado como estaba por aquel paisaje bermejo de piedras oscuras, de ríos de lava y de un calor enorme que haría hervir la sangre de cualquier criatura de la Tierra, pero por otro lado, sabía que estaba sin estar, porque si estuviera de verdad ya haría tiempo que el planeta lo habría fumado de una sola calada y convertido en ceniza. Era el suyo un estado de estar sin estar, que se acercaba mucho a aquellas formas de vida de las que hablaba el señor Quinqué que están y no están por el Universo y por el Sistema Solar, como los mismos difuntos, que viven y no viven. Pensó que aquella manera de ser sin ser no estaba contemplada en el repertorio de las posibilidades de existencia que se estudiaba en las escuelas de los humanos, aunque se daba cuenta de que durante su vida se había encontrado a menudo en ella, al ser una posición conocida por todos, empezando por las marionetas, que viven y no viven, según el momento y si alguien las mueve. Incluso se planteó si no sería una condición propia y característica de la especie humana, disfrutar de este desdoblamiento interior que hace que uno se distancie de lo que es y se imagine otras formas de ser, que a la larga pueden ganar por goleada y sustituir al otro, y así sucesivamente.

El señor Quinqué, que escuchaba con atención los pensamientos de su cliente, dijo:

- ¡De cajón, Manuel, de cajón! Y piense que si le han venido estos excesos del pensamiento, es por estar este planeta especializado en tales cuestiones, para complementar el trabajo del señor Mercurio en su mansión. Porque la única manera de curarse de los fanatismos de las mil creencias que obsesionan a los mortales, no es otra que aceptar estas dualidades contradictorias que usted acaba de pensar. Esto le puede parecer una tontería, pero sepa que constituye uno de los puntos más importantes que los humanos tenemos que comprender, si no queremos irnos al traste con nuestras disputas sin fin. Ahora bien, y por suerte para los humanos, el mundo dispone hoy de unos cuantos lugares en la Tierra que son capaces de despertar, si uno se esfuerza en ello, las mismas sensaciones que se sienten en Venus. Y uno de ellos es la Sagrada Familia, como usted debe haber sospechado a la primera, ¡sí señor! Y si me apura, añadiría la propia ciudad de Barcelona en su conjunto, gracias a su condición extravagante que personas como el señor Gaudí, por poner un ejemplo, han convertido en realidad.

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