miércoles, 13 de junio de 2018

19º Capítulo (2a parte): Conversación de terraza





Le era difícil a Manuel calcular los días de huevo, por llamarlos de algún modo, que llevaba vividos, es decir, desde el día en que apareció el huevo en el Aposento. Se dio cuenta, sin embargo, que aún era agosto, por el calor que hacía y por el tráfico de turistas que de vez en cuando reclamaban la atención de su guía. También porque un día pescó un periódico en un café y se puso más o menos al día en las cosas de este mundo.

Sabía que cada verano los periódicos escogían un tema al que iban dándole vueltas como quien se pone un chicle en la boca para entretenerse, y que ese año habían elegido el tema del Referéndum y de la Independencia, del que él sólo sabía lo que le habían explicado sus Pericos. Se entretuvo un rato y enseguida lo abandonó, al darse cuenta de que ya estaba muy masticado, como si fuera uno de esos chicles al que ya no le encuentras ningún gusto. Pero valoró la tenacidad de sus conciudadanos, capaces de mantener vivo un tema tan peliagudo como éste, cultivando la ilusión general, como si también ellos hubieran puesto un huevo que les obligaba a cumplir la correspondiente extravagancia, que era la Independencia.

El señor Quinqué, que tomaba una horchata a su lado y lo escuchaba con atención, situados ambos en una pequeña terraza del Poble Nou, asentía con ganas evidentes de intervenir en el hilo de pensamiento de su cliente.

- Don Manuel, ha vuelto a dar en el clavo con esta sencilla descripción del tema independentista. Piense que yo lo sigo con atención cada día, ya que soy un lector fiel de La Vanguardia, un diario de los mejores que he conocido, cargado de contradicciones que es como me gustan a mí los periódicos y siempre preocupado por los beneficios y por las cuentas de resultados. Y creo que el huevo colectivo puesto por los independentistas, al romperse, es lo que ha generado este relato que funciona tan bien, el cual tiene como problema principal el hecho de pedir una participación global de la ciudadanía. La extravagancia de la Independencia, para describirla con sus palabras, sólo se cumpliría con una mayoría de participantes. ¿Pero es esto posible, me pregunto? ¿Puede una extravagancia ser colectiva y mayoritaria? Sobre todo en una sociedad en la que cada individuo tiene ganas de poner su propio huevo y tomar el atajo que más le apetece. Y fíjese que para que ello sea posible, se necesita un estímulo exterior que ayude a mantener la presión y aglutinar este deseo de suma. No hay duda de que esta presión de fuera es la que proviene de Madrid y de su gobierno, que hasta ahora ha ganado las elecciones gracias al problema catalán, por lo que se ha especializado como quien dice en mantenerlo vivo para conservar el poder. Y por el bando contrario, pasa lo mismo, pegado el gobierno catalán y las fuerzas independentistas a esta presión que los mantiene unidos y garantiza su extravagancia, además de su supervivencia, claro está. Ahora bien, el problema sigue siendo el de la mayoría, el hueso de todo el asunto, y ya sabe por experiencia que las mayorías son tan volátiles hoy en día como lo es el tiempo, que un día llueve y el otro hace calor.

Bebió un trago de horchata y al ver que Manuel le escuchaba sin escuchar, que era la mejor manera de seguir sus palabras, continuó hablando Quinqué sobre la cuestión.

- Hay además aquí otro problema, y es la tendencia de los humanos de hoy en día de llevar la contraria a todo lo que se les pide o se les propone o se les da para escoger, de manera que los gustos, las tendencias y las inclinaciones se parten siempre por la mitad, al ser una ley de las actuales sociedades que nunca los unos estén de acuerdo con los demás, una característica que en absoluto debe entenderse como perniciosa. Y es por eso que los defensores de causas difíciles o imposibles buscan siempre un referéndum, porque saben que lo que importa a la gente no es la causa que se defiende, sino enrocarse a favor o en contra, es decir, buscar equivalencias contradictorias, porque no ganen ni el uno ni el otro, y menos el vecino de enfrente. Pero al decidirse los referendos por la mitad más uno de los votos, la cosa se decide a cara y cruz, y gana el que fortuna ayuda y según como sopla el viento de las emociones.

- Caramba, Quinqué, este punto de vista nunca lo había oído.

- Piense, Manuel, que la agencia Mercurio tiene por costumbre estudiar la evolución de los mercados, y estas cuestiones de la estadística y de la contabilidad electoral nos interesan mucho, ya que tocan puntos claves de nuestra cultura. Ahora bien, ¿significa ello que estos intentos de afirmación colectiva son una pérdida de tiempo? En absoluto. Ya le he dicho antes que hoy en día las sociedades necesitan moverse con decisión y sobre todo con conciencia de saber aquello de lo que son capaces de hacer, y cuando una región como Cataluña se pone en pie y pide su porción de responsabilidad planetaria en los asuntos de este mundo, no hay duda de que nos encontramos ante un importante avance de civilización. El problema es hacerlo con los vecinos, los de dentro y los de fuera, la asignatura más difícil que tienen los convencidos, ya que una buena parte de estos vecinos interiores se oponen a sus planes y buscan la misma afirmación pero por otros derroteros, y no veo muchos intentos de quererlos convencer por parte de los independentistas más recalcitrantes. Al contrario, cada vez se los ve más convencidos de sus posiciones y enemigos de las de sus contrincantes. Y por eso son tan importantes estos aspectos de las mayorías, que se encargan de inclinar la balanza hacia uno u otro lado.

- Pues en eso parece que hay una especie de empate.

- En efecto, Manuel, se trata de un típico caso de choque de oposiciones enfrentadas, que suelen alargar la solución del problema por secula seculorum, como diría un latinista. Y son este tipo de realidades complejas cargadas de contradicciones irresolubles las que a la larga pedirán soluciones más imaginativas. Hoy, los dilemas principales están basados ??en el número dos, quiero decir, que cuando dos se oponen, la solución buscada es que el uno gane y el otro pierda. Pero eso, Manuel, no deja de ser la lógica de la cachiporra, que usted que es titiritero conoce a la perfección. Desde la agencia Mercurio pensamos que lo que no tardará mucho en imponerse es la nueva cultura del tres, que quiere decir que cuando dos se oponen, la solución no es ninguna de las dos opciones sino una tercera que debe crearse sobre la base de la aportación o del cruce de los dos. Hoy por hoy esto parece imposible, porque los humanos se resisten a ser creativos y además les gusta mucho empeñarse en sus convicciones verdaderas. Y la razón de que esto sea así, es que ayuda a la gente a ser más de lo que son, en una época de vacas flacas como la actual, en que las antiguas verdades religiosas han desaparecido del mapa y todo el mundo debe ingeniárselas a ser algo por su cuenta. Estas tomas de posición que son las patrias y los convencimientos colectivos no dejan de ser una especie de muletas que ayudan a mantenerse en pie, pero sin demasiadas alegrías y mucho desgaste vital. Y yo me pregunto, ¿es esto inteligente? Yo diría que en lo más mínimo, sino todo lo contrario, pero qué quiere hacer, Manuel, si los problemas irresolubles de nuestra época se resisten a encontrar solución, enrocadas como están las partes opuestas en sus verdades y convicciones, tal vez esperando que alguien con más imaginación y emprendimiento sea capaz algún día de inventar la manera de pasar del dos al tres.

De cajón, se dijo con una sonrisa Manuel al oír aquellas palabras de Quinqué. Y pensó si todo este asunto de la pipa, del fumar y del tercero que se va de paseo por el Sistema Solar no sería también una manera de pasar del dos al tres, como decía el guía turístico, pero a título personal, al resolver contradicciones interiores con un proceder que abre espacios a la imaginación operativa. Permite ver la ciudad como un lugar de dimensiones ocultas desde las que puedes saltar de planeta en planeta y descubrir algunos secretos del Universo. En este sentido, la Extravagancia sería el desarrollo del tres a modo particular, al crear una especie de ciudad doble con capacidad de acoger lo visible y lo invisible, los títeres y el titiritero, los vivos y los muertos, es decir, un espacio dinámico de resolución de estas contradicciones irresolubles, que sin dejar de serlo, se comportan como si no lo fueran.

- Tiene toda la razón del mundo, Manuel. Así lo veo yo también. Y no me negará que la Sagrada Familia no es un tres como una catedral, que resolvió aquellas contradicciones internas del señor Gaudí, entre el clasicismo y el modernismo, a base de excitar su religiosidad, para contraponer así el espíritu a la piedra. Incluso me atrevería a pensar si la razón de que el genial arquitecto abrazara con tanto fervor la fe religiosa, no fuera otra que la pura necesidad instrumental, ya que para crear una extravagancia como la suya jamás se lo hubieran permitido con un proyecto de edificio civil, mientras que la polaridad espiritual, cuyas contradicciones irresolubles son exorbitantes, justifica la irracionalidad de hacer volar la piedra por encima del cielo de Barcelona. Y la prueba de que el resultado ha sido una extravagancia de las que despegan en un tres de los grandes, es esta capacidad de atracción que tiene de la que ya hemos hablado con profusión, con los millones de turistas que no dejan de ser los modernos peregrinos que vienen a ver este monumento contemporáneo a la creatividad futura del Tres! ¿No encuentra que es de cajón, Manuel?

Hacía un rato que el titiritero había dejado de escucharlo, aunque no se perdía ninguna de las palabras del guía, inmerso como estaba en el tema de los vivos y de los muertos, que había tratado en alguna de sus obras, pero del que nunca había conseguido sacar nada en limpio. Pensó que era lógico que fuera así, al ser un asunto de los más oscuros que puede haber, pero no se resignaba a la evidencia del escepticismo que le era propio, obsesionado como estaba en llevar siempre la contraria, aunque fuera consigo mismo.

- Señor Quinqué, usted cree que los muertos viven?

La pregunta sorprendió al guía turístico, ya que no estaba acostumbrado a clientes de ese tipo, que por estar tan en contacto con personajes que eran y no eran como son los títeres, con vida y movimiento a pesar de ser de madera, se hacen preguntas de este estilo.

- Don Manuel, esto es una contradicción como una casa en sus propios términos, ya que si alguien está muerto significa que no está vivo, y al revés, se dice que uno está vivo porque no está muerto. Todo esto es de cajón. Ahora bien, ya sabe que en esto de las contradicciones hay muchas sorpresas, y no puede imaginarse como le gusta a la realidad saltarse sus propias leyes a la torera, sobre todo las que son de signo mental y significativo, quizás por este espíritu de contradicción que nos caracteriza a los humanos y que hoy florece con tanta alegría en la mayor parte de las sociedades del mundo. Quizás esto explique que algunos muertos quieran estar vivos, y también al revés, algunos vivos muertos, aunque sea para hacer la puñeta y tocar las narices a todos, hablando claro y catalán. Pero importa también estudiar la cuestión desde perspectivas más innovadoras. Por ejemplo, yendo a la cultura del tres que nos espera en la próxima esquina de la Historia, o simplemente estudiando las posibles evoluciones retrógradas de la cultura del dos. Aquí, Manuel, entramos en terrenos resbaladizos y nuevos, muy nuevos, al ser muy poco lo que podemos llegar a saber. Y sin embargo, permítame que me atreva a decir lo que pienso, que siempre me maravilla cuando lo cuento.

Pidió otra orchata el titiritero con ganas de escuchar a Quinqué.

- Fíjese, Manuel, que hoy en día la ciencia se ha puesto entre ceja y ceja convertir a los humanos en inmortales, a través de las intervenciones tecnológicas de la genética, la robótica, la biología, la química, y todas estas parafernalias, capaces de meterse sin problemas hasta el corazón mismo de las células de nuestro cuerpo. Todo este atrevimiento responde a su pregunta, ya que estos señores de la ciencia podrían decir que los vivos a partir de ahora no morirán, o bien que los muertos estarán vivos toda la vida. Sin duda, es una manera de ver las cosas y es muy posible que no sea ninguna tontería y que se salgan con la suya. Ahora bien, ¿es este el camino del tres? O mejor dicho, ¿qué representa este alargamiento de la vida en relación a la mejora de la cultura y de la civilización humana? Aquí es donde la ciencia empieza a patinar. Claro que todo depende de lo que se entienda por cultura y civilización humana. Para mí, Manuel, más que la salud y la seguridad de una vida sin mácula, que en absoluto debemos despreciar, importa sobre todo la libertad y esta opción de creatividad que es el tres. Fíjese que la propuesta de la ciencia tecnológica es como si pasáramos del dos al uno, es decir, en vez de ir adelante, vamos hacia atrás, al convertir la vida de las personas en una línea recta asegurada por las intervenciones exteriores del complejo tecnológico encargado de gestionar estas líneas rectas. Y pasar del dos al uno es una pérdida terrible, antes es preferible seguir en el dos, a pesar de las peleas y de las contradicciones que tenemos a diestro y siniestro. Pasar al uno de la tecnología significa que el dos que antes teníamos como dualidad interior, ahora es ocupado por la mano científica que te marca el recto camino de la salud y la longevidad, lo que significa pasar de la libertad a la dependencia. Una persona llegada a inmortal por la vía del dos que pasa al uno, yo diría que más que un vivo inmortal, es un muerto vivo que no puede morir porque ya está muerto. ¿Me sigue, Manuel?

- Al pie de la letra, Quinqué.

- Imagínese crear un mundo poblado de muertos que no acaban nunca de morir, lo encontraría espantoso. Ahora bien, si la vía que elegimos los humanos es pasar del dos conflictivo al tres resolutivo, entonces las cosas empiezan a ponerse más interesantes, sobre todo porque se mantienen las dualidades y las contradicciones que son la sal de la vida, pero a la vez se abren nuevos espacios de libertad y de resolución de las contradicciones por la vía creativa del tres. Pero sobre todo lo que más alegra de la opción del tres es que aporta novedades inesperadas, como le está resultando a usted su extravagancia, que a pesar de ser un fenómeno largamente conocido en el sistema solar y en el planeta, no deja de sorprendernos a cada minuto.

Escuchaba Manuel y comprendió que no necesitaba más respuestas, porque era evidente que la mecánica del huevo y de la pipa que fumaba por dentro, capaz de generar al tercero que se lo mira desde fuera, servía para entender cómo las distintas dualidades en oposición pueden generar terceros, siempre que se ponga en ello la mirada, la distancia suficiente y el deseo creativo. Y eso explica que uno pueda dirigirse a un muerto que sin embargo está vivo aunque esté muerto, o a un animal irracional capaz de pensar y discurrir, o a una piedra que te habla del Espíritu Universal, sin perder la razón, y manteniendo unos mínimos de realismo, contradictorio pero real al fin y al cabo.

- Lo ha entendido a la perfección. Ya ve que en cierto modo mucha gente vive en la época del tres, pero sin saberlo y bajo los dictados y las directrices del dos contradictorio e irresoluto.

- Usted es un revolucionario, Quinqué!

- No lo crea, Manuel, quizá el señor Mercurio lo sea un poquito más, por sus hábitos y costumbres, muy evolucionados en los temas del fumar, pero yo valoro mucho la estabilidad, indispensable para el negocio turístico, ¿cómo sino podríamos recibir y atender a nuestros clientes? Nos gusta mucho la estabilidad que da la inteligencia y piense que el mercado no está para monsergas. Una buena contabilidad es lo que cuenta, sí señor, y tan importante es un euro, como diez, como cien o como un simple centavo. El secreto de las cuentas son los céntimos, ¡quién controla los céntimos lo controla todo, Manuel!

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