jueves, 28 de junio de 2018

23º Capítulo (2a parte): Marte




Permanecían sentados sobre una roca que dominaba una extensión grande de terreno polvoriento de tonos rojizos, propio de este planeta que visto desde la Tierra aparece siempre de color rojo. No se sorprendió Manuel de aquel traslado tan fulminante, quizá porque lo esperaba hacía días. Para ampliar los límites de la ciudad necesitaba grandes espacios abiertos más ciertas coordenadas que multiplicaban las resonancias. Y ahora que había aprendido la lógica sin lógica de estas relaciones, supo que el huevo instalado en su interior con funciones de pipa, era el mismo que el de la Heliosfera que conformaba el Sistema Solar.

Mientras así pensaba su cliente, consideró Quinqué que el promontorio de Marte era un lugar excelente para encender un puro e invitó a Manuel a hacer lo mismo, armándose ambos de dos magníficas Brevas de Quintero, que en aquella atmósfera fría y seca del planeta rojo quemaron con enorme satisfacción de los fumadores.

- Ya ve, Manuel, como las cosas de este mundo nos llevan a las que están un poco más lejos, moviéndonos arriba y abajo por el cielo del Sistema Solar que usted, con su imaginación tan bien documentada, ha bautizado con el nombre de huevo heliosférico. Un huevo, por cierto, que los científicos actuales han visto que tiene cola o más bien dos colas, tal es la forma de media luna que le da su velocidad de traslación moviéndose por el espacio como un cohete monumental hacia no se sabe dónde. ¿Y qué puedo decirle de este planeta tan imaginado por los humanos, y que ahora los astrónomos y astrofísicos de la Tierra tienen en su punto de mira, ansiosos de encontrar algunas mínimas condiciones de habitabilidad, siendo el agua el elemento más buscado por su escasez casi total? Aquí la verdad es que yo no me quedaría a vivir, aunque sea con las condiciones de la agencia Mercurio. Y sin embargo, pese a sus dimensiones, algo superiores a las de Mercurio pero bastante por debajo de Venus y de la misma Tierra, no deja de ser Marte un planeta de los importantes, por lo cerca que está a nosotros, en una especie de simetría de oposición con Venus, como si fueran dos miembros de un matrimonio de estos profesionales y mal avenidos, de los que se buscan en secreto y se rechazan de inmediato, hartos de discutir siempre de lo mismo, cada uno obsesionado en sus cosas.

Contemplaba Manuel el cielo, con un sol algo más pequeño que el de la Tierra, cuyo rebote de luz daba aquella atmósfera de un pálido rojizo que permitía ver bien los detalles topográficos del entorno, con una mirada sin embargo obstinada a abrir capas, ventanas y puertas escondidas.

- Tiene razón, Manuel, de pensar lo que piensa, lo decía el otro día el señor Mercurio mientras tomábamos un café con un buen habano en las manos -el señor Mercurio, sabe, fuma Cohibas especiales que le traen de Cuba-, decía que el problema de Marte era uno de los más acuciantes que tenemos los humanos, ahora que las guerras están en alza y se disparan como si nada, con unas fuerzas destructoras de muchas cargas de potencia, y que hasta que no se resuelva este problema, estaremos todos en la cuerda floja.

Hizo una larga pipada de su puro y continuó hablando del siguiente modo:

- Piense que antes, Manuel, con una orden jupiteriana bien dada, por muchas razones que se presentaran, Marte se cuadraba y se pasaba a otro capítulo, para volver a empezar a la primera de cambio, por supuesto. Pero ahora ya ha visto por donde anda el pobre Marte, perdido por los rincones más abandonados de este mundo, comido por la nostalgia, los recuerdos o por los rencores. La fragmentación que reina hoy en el mundo hace que de Martes como el que hemos visto en el Café de la Paz, los haya a miles, en todas las ciudades del mundo, arrastrándose por los antros más truculentos, vencidos y deprimidos, aunque dignos y orgullosos la mayoría, o enrolados algunos en grupúsculos díscolos y sanguinarios. Ahora bien, ¿se han acabado las guerras por ello? Basta con abrir la página de cualquier periódico del mundo para saber que no. Son los humanos los que han cogido la sartén por el mango y los que gobiernan hoy la paz y la guerra. Y así vamos, porque somos como niños que juegan con fuego.

Escuchaba Manuel al guía turístico con atención, atento a unas significaciones que iban más allá de las palabras y del mundo donde se encontraban.

- Por otra parte, Manuel, vea como las turbulencias de los planetas, por muy latentes y silenciosas que sean, suelen proyectarse hacia el exterior, como si les faltase aquella fuerza indispensable para retenerlas en su círculo de influencia, como hace la Tierra, que no deja escapar ni una nube, por mucho que sople el viento. Esto explica no pocas cosas, como es evidente. También dicen que Marte está viviendo unos procesos interiores de los más misteriosos, ya que del mismo modo que hemos visto cómo los finados del mundo pasan por la Luna, Mercurio, Venus y el Sol, también pasan por Marte, donde deben resolver este tema de la guerra entre las almas, un tour de force de los más rebuscados, ya que aquí no se las ven con debilidades emocionales más o menos superables según los esfuerzos volitivos, sino que se enfrentan a movimientos que tienen vida propia y una potencia de muchos kilovatios de alma. Es decir, se mueven en este reino indescifrable que es el del Espíritu. Y por eso se dice que los más esforzados de los mortales en estado de óbito trabajan en la solución del problema, a la manera de mecánicos de la ultratumba en misión especial, para el bien de todos, entregados a un trabajo de altas responsabilidades cosmológicas. Ahora bien, ¿en qué consiste este trabajo?, ni el señor Mercurio lo sabe, al tratarse de unos asuntos que escapan a nuestras atribuciones, a pesar de que podamos intuir su quid.

Pensó Manuel que la solución de este rompecabezas irresoluble de las partes opuestas obcecadas en sus convicciones irrenunciables, sólo podía venir de aquel paso del dos al tres del que ya habían hablado con Quinqué cuando trataron la cuestión de la independencia de Cataluña. Pero comprendió que establecer este nuevo patrón en las esferas más elevadas de los grandes arquetipos, los que gobiernan el huevo del Sistema Solar y que influye tanto en la práctica diaria de los humanos como en las fuerzas de los mundos físicos que se oponen entre sí, era un trabajo de titanes, por decirlo en términos poéticos.

- Ha dado en el clavo, Manuel, no lo podía haber expresado mejor, ya que sobre estas cuestiones hemos hablado profusamente con el señor Mercurio, el cual como es lógico tiene sus ideas al respecto, y veo que coinciden bastante en pensar que no basta con establecer la nueva fórmula del 1+2 = 3, que hasta los niños se saben de memoria, sino que hay que aplicarla en todas las esferas de la vida que son muchas. Por eso es tan importante el trabajo que hacen en Marte estos difuntos que se proponen alzar una extravagancia de infinitas pretensiones, ya que en definitiva esa es su función principal, abriendo unas nuevas puertas por donde a partir de ahora, los difuntos en su tránsito por el huevo del Sistema Solar, puedan salir disparados hacia Júpiter, Saturno y aún más allá, hacia las estrellas más cercanas e incluso lejanas, sin quedar atrapados por las inacabables batallas de Marte. Unos destinos los suyos que se escapan a nuestra comprensión, en su viaje de ida y vuelta en el caso de que quieran retornar al huevo solar y a la Tierra, claro está.

Se quedó Manuel en un estado de indefinible suspensión temporal, embelesado por las palabras de Quinqué, que se sumaron al humo de los nobles cigarros encendidos y a la visión del cielo que empezaba a oscurecerse a medida que el Sol se acercaba al horizonte marciano. Y casi sin solución de continuidad, el cielo estrellado de la noche se impuso. Reinó de repente la luminosidad intensa de los astros de nuestra galaxia y de las de más allá, que se dejaban ver como los integrantes de un gigantesco huevo cósmico que integraba todo el Universo. Su lógica, si es que tenía alguna, tal vez habría que buscarla en el más pequeño de los huevos terráqueos, siendo el de dimensiones humanas quizá el huevo medio que como decían las viejas escuelas reunía el micro y el macrocosmos.

- Todo esto es una verdad como un templo, Manuel. Le he estado escuchando en su discurrir y pienso como usted que somos este punto medio del Universo, como si fuéramos un ojo capaz de mirar hacia todas las direcciones. Y es obvio que al ser conscientes de ello, todas las entidades de éste y de los otros mundos se sientan cuestionadas por nuestra mirada y la quieran manipular y hacerla suya, lo que explica las trabas que vivimos hoy los humanos, asaltados por todos lados en mil batallas cosmológicas. Y por eso es tan importante que lleguemos a conocer bien este huevo medio que es nuestra extravagancia, la cual sólo se ve y se conoce cuando se la construye, es decir, desde la práctica de su alzado.

Tuvo entonces Manuel una extraña visión al contemplar la gran explanada que se extendía en la oscuridad de Marte. Descubrió de repente unas siluetas que se agitaban como espectros en la penumbra de la noche marciana. Distinguió, borrosas primero y después nítidas, las figuras de poderosos guerreros, ataviados de armaduras enfáticas y caprichosas, que parecían venir de otras galaxias, con lanzas, espadas y escudos que recordaban las mil épocas inimaginables de la historia humana. Se enfrentaban entre sí con gran despliegue de fuerzas, en una lucha frenética pero silenciosa, lo que la hacía aún más impresionante y patética. Y comprendió Manuel que aquellos guerreros no eran otros que los viejos arquetipos de la Tierra y del Universo, las ideas principales que gobiernan y han gobernado los mundos, irrenunciables para sus combatientes, que las encarnan y las hacen suyas hasta la muerte. Aquellos guerreros, pese a caer en su lucha, eran sustituidos de inmediato por otros que se les parecían por lo que el combate no tenía fin. También vio en unas alturas de aquellas explanadas polvorientas unas luces que permanecían tranquilas sin dejarse llevar por la agitación de los campos de batalla, las cuales dibujaban formas volubles y curiosas de ver, y se preguntó si no serían aquellas las almas de las que había hablado Quinqué, que trabajaban para levantar en Marte la extravagancia de un mundo donde los conflictos se resolvían de otra manera.
Pensó que tal vez sería imposible impedir que hubiera guerreros y tozudos emprendedores con ganas de bulla, habiendo tanta violencia en el Universo, pero que tal vez había estratagemas de creación que permitían reconducir las energías, a través de nuevas arquitecturas de una exuberancia monumental.

- Sobre estas cuestiones discuten las almas que levantan aquí su extravagancia, aunque no hay mucho que discutir, ya que también en Marte se cumple el principio universal de las habas contadas. Y es que las matemáticas, por mucho que se las quiera lidiar con hiperbólicas deformaciones de la realidad, acaban imponiendo sus números caiga quien caiga.

La visión fantasmagórica de los combatientes y de las almas que permanecían quietas en sus arquitecturas lumínicas, se esfumó poco a poco, y volvió a imponerse la grandeza del cielo nocturno de Marte. Se fijó entonces en una estrella más luminosa que otras de una tonalidad azulada.

- ¡La Tierra, Manuel! Aquel puntito de luz es nuestro planeta que nos mira como nosotros lo miramos a él. Si tuviéramos un telescopio veríamos la luna que da vueltas a su alrededor y quizás con un poco de suerte las luces de las ciudades más importantes, con sus humanitos dentro de cuerpo tangible, al encontrarse todavía en el ámbito de la vida, proclives por ello al goce y al uso de los sentidos.

Pensó Manuel hasta qué punto le estaba siendo útil la Extravagancia que construía, al permitirle disfrutar de estos cambios de perspectiva, esenciales para tener una idea del conjunto en el que estamos. Visto desde esta óptica, la vida en el planeta y nuestra propia existencia no serían más que la extravagancia creada por el huevo Heliosférico del Sistena Solar, el cual se expresaba de este modo en su girar el sol como una peonza mientras se desplaza a grandes velocidades con todo su equipo por los espacios de la Galaxia. ¿Qué misterios habría en estos otros planetas más alejados del sol y de la Tierra? Júpiter, Urano, Saturno, Neptuno, Plutón ...

Y mientras su imaginación se estiraba en aquellas visiones lejanas del Sistema Solar, el humo del cigarro que fumaba empezó a convertirse poco a poco en la atmósfera cargada de la sala del Café de la Paz donde los dos boxeadores seguían propinándose golpes. El viejo de los tatuajes y la cabeza rapada había desaparecido de la mesa vecina.

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