martes, 10 de julio de 2018

24º Capítulo (2a parte): El Born





Insistió Quinqué en visitar el viejo mercado del Born, restaurado hace unos años y convertido en un memorial patriótico de la guerra de 1714. Ya lo había visto el titiritero, admirado de la transformación del antiguo mercado central de Barcelona, de una arquitectura imponente, víctima hoy de la instrumentalización propagandística de la que era objeto. Por eso no comprendía el interés del guía turístico.

- Sepa que este es uno de los monumentos que más me gusta visitar con mis clientes, al tratarse de un lugar ambiguo que es y no es lo que aparenta ser. Fíjese, Manuel, como aquellos que urdieron su restauración dieron en el clavo, no sé si a conciencia o por carambola, de crear un lugar único en la ciudad dedicado al Tiempo en mayúscula. Si tenemos en cuenta la dificultad que existe de hablar y de representar este misterio que es el tiempo, habrá que reconocer el mérito de este monumento que nos habla del tiempo a través del espacio, que es la única manera de pescarlo, porque los dos son socios desde la cuna, que se sepa. Yo espero que sus conciudadanos, una vez pasada la fiebre independentista y hayan conseguido resolver este problema irresoluble, con los años y una caña, eso sí, reconozcan y ensalcen el Born como el monumento que Barcelona ha consagrado al Tiempo, siendo quizás la primera de las ciudades del mundo que haya levantado un monumento de estas características, capaz de mostrar en un único espacio las dinámicas maravillosas del tiempo a través de esta fabulosa caja de resonancia donde las dimensiones se cruzan entre sí según leyes harmónicas e inharmòniques, con los juegos de las simetrías que sin embargo se distorsionan cuando tocan la realidad de la tierra y de las criaturas que la habitan.

Quizás tenía razón Quinqué y había aquí una extravagancia que se había colado disimulada detrás de la excusa patriótica, como si el Tiempo, que se las sabe todas, se hubiera infiltrado en el pensamiento de los autores del proyecto para encender una luz en su provecho.

- No lo dude, Manuel, porque salvo los discursos, las banderas y los contenidos de algunas exposiciones guerreras con las que abrieron la obra, por lo demás no hay nada que nos impida pensar lo que pensamos, al crear este juego de espejos de los diferentes pasados con el presente y con el futuro que se abre cuando miras hacia arriba y ves este espacio cerrado y abierto a la vez, con las estructuras del pensamiento racionalista que sin embargo no acaban de cerrar el conjunto, sino que se limitan a darle una cobertura abierta por los cuatro costados, para dar entrada a lo que nos llega de las lejanías cósmicas. Piense que junto con las iglesias, los mercados son los lugares donde la colectividad se junta para realizar una de las cosas básicas que hacemos los humanos, me refiero al mercadeo y al intercambio de los productos entre sí o por dinero. Dos espacios complementarios, los mercados y las iglesias: los unos para excitar la dinámica del contacto y del intercambio, los otros para detenerse, pensar y rezar. Por eso es tan interesante que se haya preservado uno de los bonitos, como es el caso del Born, sacándole los contenidos y dejándolo vacío, para que lo habiten las resonancias de lo que es y no es, que es tanto como decir de lo que se compra y se vende, es decir, de lo que se tiene y no se tiene, y para que permita pensar como el tiempo, en los humanos, se junta a la voluntad.

Contemplaban la imponente caja vacía del interior del viejo mercado del Born, que se levantaba sobre los dos niveles diferenciados de la ciudad antigua y de la actual, creando una extravagancia de líneas, planos y corrientes de fuerza que comunicaban épocas distintas entre si y las entrelazaban, en una dinámica reflexiva impactante, como si cada rincón, cada piedra o cada columna, fuera un espejo poliédrico que daba perspectivas diferentes de las realidades cruzadas. La monumentalidad vacía del edificio permitía que el detalle nos llevara al conjunto y al revés, el conjunto a los detalles sucesivos y poliédricos de las realidades reflejadas.

- Se dice en según qué ámbitos de la reflexión mundial, Manuel, que las religiones del futuro tendrán que ver con el tiempo y con la voluntad, por lo que si se cumple este designio, ya hay que ir imaginando donde estarán los lugares de culto y de pensamiento de estas realidades tan complejas e intangibles, y es en este sentido que el monumento del Born se configura como una clara anticipación de este tipo de espacios dedicados a la devoción o quizás mejor decir a la discusión y al interés colectivo en relación a estos dos conceptos fundamentales. Porque aquí tiempo y voluntad se conjugan a la perfección, primero por la fuerza volitiva que representa no sólo levantar una ciudad, sino también destruirla, para construir encima un mercado de estas características espaciales que se eleva con la majestuosidad de las simetrías arquitectónicas que buscan la belleza del arte. Y por otra parte, está la fuerza volitiva que significa el hecho de haber convertido un espacio tan preciado en pleno centro de la ciudad, en un monumento vacío dedicado a pensar el tiempo. Creo que nos encontramos ante una de estas extravagancias de primer orden y de altísima calidad y categoría que la ciudad de Barcelona es capaz de ofrecer hoy a sus nativos y a sus visitantes. Y mientras la Sagrada Familia se postula para convertirse en la futura Catedral Universal del mundo dedicada a todas las impostaciones exaltadas y a todas las creencias existentes, sean o no sean deístas, el Born apunta a convertirse en un sonado templo universal, además de local, dedicado a estas dos antiguas divinidades, hoy laicizada, que son el Tiempo y la Voluntad. ¡De cajón, Manuel!

Estaba admirado y chocado el titiritero de la vehemencia del guía turístico, que le despertaba resonancias interiores que tenían que ver con aquellas sensaciones vividas en el Aposento, cuando Kalim y Kilam representaron la extraordinaria función de títeres ante él y sus marionetas, con aquella facilidad con la que levantaban decorados y paisajes sólo por la simple voluntad de querer disponer de ellos al acto, una sensación que le hormigueaba por los brazos y por las manos. Se dio cuenta también hasta qué punto tenía razón Quinqué en relacionar tiempo y voluntad, ya que toda su obra de titiritero sólo se explicaba por el uso que había hecho del tiempo dedicado a este trabajo, con aquellas impresiones ambiguas sobre la velocidad del devenir, como si el hacer tuviera capacidad de contraer o estirar las duraciones de los días y de los años, uno de los motivos principales que le había llevado a encerrarse en el Aposento y, en definitiva, a poner el huevo de su extravagancia.

- Vea Manuel como aquí se nos abren las puertas para contemplar a estos dos planetas cargados de misterios, que son Júpiter y Saturno, los dos colosos del Sistema Solar, tradicionalmente relacionados con el poder expansivo y con el tiempo. Pero fíjese que la ventaja de un lugar como éste es que nos permite verlos sin verlos, quiero decir que no es necesario desplazarse sino que con pensarlos a nuestra manera basta, aprovechando el regalo de esta amplitud de espacio, porque salvando todas las distancias y las proporciones, a estos dos planetas gaseosos hoy por hoy es mejor verlos desde la distancia de la imaginación mental que desde sus satélite, maravillosos todos ellos, como por otra parte ya han empezado a hacer los de la NASA.

Hizo una pausa Quinqué y se tocó el bolsillo donde guardaba los puros pero retiró la mano al acto, como si se hubiera olvidado de algo.

- Lástima que aquí no dejen fumar, Manuel, un contrasentido al ser un espacio abierto, pero no seremos nosotros quienes discutamos estos arbitrios de las autoridades locales, que dicen hacerlo por nuestro bien, cuando bien sabido es que lo hacen para hacer la puñeta y porque les da la gana.

Se sentaron en uno de los bancos interiores del Born y sintió Manuel que ya hacía rato llevaba encendida la pipa interior. Era obvio que aquel mecanismo de fumarse a sí mismo constituía una manera de disponer de unos motores que le permitían despegar allí donde le apetecía, aunque fuera con la imaginación.

- Se dice, Manuel, que a los difuntos en su viaje más allá del sol, una vez cruzado Marte y conocidos los arquetipos de la vida material, su conciencia se amplía en las esferas de Júpiter y de Saturno. Su función es despojarles de lo que les queda de las viejas creencias y presupuestos, y ofrecerles nuevos planteamientos y formas de ver el mundo, que deberán usar cuando vayan aún más lejos, por las estrellas que nos rodean y los confines del Universo, el cual, al ser un huevo, aunque de tamaño impensable, se deja conocer por el intrépido espíritu viajero. Claro que de estos dominios es mejor no hablar para no desbarrar más de la cuenta, una precaución que desde la agencia Mercurio nos tomamos muy en serio.

Veía Manuel el espacio vacío del Born ocupado por astros y por esferas que se cruzaban y se superponían, configurando una réplica pequeña del universo que ahora se ensanchaba y ahora se reducía, como a veces hacen algunas películas de ciencia ficción que recrean estas magnitudes del cosmos. Se dio cuenta entonces que las esferas luminosas de Júpiter y de Saturno se habían instalado en el centro de la visión, quienes encarnaban las dos divinidades de las que había hablado Quinqué, la Voluntad expansiva y el Tiempo, al ser éstas las significaciones que la mitología les ha otorgado. La voluntad de Júpiter, rey de los dioses, es decir, de quien ostenta el poder porque así lo ha decidido, a pesar de que el fuego esencial del hacer sea cosa del Sol. A su lado, el Tiempo que siempre ha representado Saturno, sería el complemento adecuado a la actuación, dos caras de la misma moneda. Conocer los secretos de la voluntad y del tiempo debe ser lo que permite a las almas de los difuntos salir disparadas hacia el más allá del Universo, aptos para alimentarse de aquellas fuerzas cosmológicas que son esenciales para hacer el viaje de vuelta y reiniciar nuevos ciclos de vida.

- Lo ha entendido a la perfección, Manuel, eso es lo que le quería explicar. Y vea como el antiguo mercado del Born se ajusta punto por punto a su función futura de convertirse en un templo dedicado a estas dos ideas, en una clara anticipación que se inscribe en la extravagancia de Barcelona, a la que da un complemento de exquisita singularidad que le faltaba.

- ¿Quiere decir Quinqué que los actuales mandatarios de la ciudad lo ven de esta manera?

- Lo dudo, pero fíjese que los políticos y los responsables de las ciudades actúan finalmente sin saber demasiado, por no decir nada, lo que hacen, movidos por intuiciones que no vienen de ellos sino que proceden de visiones medias de futuro relacionadas con imponderables inauditos, como lo son por un lado los difuntos de la ciudad, que actúan a escondidas como es lógico que hagan, y, por otro lado, los millones de turistas que nos visitan, los cuales no se esconden pero inciden, afectan y dictan coordenadas de rebote, es decir, sin que nadie se dé cuenta. ¿No le parece extraordinario? Al ser tan impensables las causas que empujan las decisiones de los politicos, queda garantizada la dirección de los hechos y se abren las puertas a la avalancha de los cambios. ¡De cajón, Manuel!

Pensó el titiritero que asociar el tiempo a la voluntad era dar otra dimensión al espacio, el cual ya sabemos que cambia y se mueve por la acción de su compañero de baile, que bien podríamos denominar el culo inquieto del universo. El problema es que, debido a su naturaleza inquieta y azarosa, como es propio de cualquier bailarín con vocación y ganas de serlo, el tiempo tira por donde le da la gana, haciendo bailar al huevo de su creación, que es el espacio, a su aire, lo que explica que aquellos que habitamos en su seno nos vemos sometidos al capricho de esta danza, de la que no entendemos ni papa. Por eso tiene sentido asociar el tiempo a la voluntad, vista ésta como una facultad al alcance humano, es decir, como un primer intento de aprender los pasos de baile y de poderlos dirigir, como hacen los bailarines de tango que conocen los secretos de esta música.

- Desde luego, es una manera de explicarlo, pero yo le añadiría lo siguiente: esta pretensión, de un atrevimiento mayúsculo, tiene sólo viabilidad si se plantea desde la persona singular, quiero decir individualmente, mientras que la pretensión de hacer bailar al tiempo desde intereses y finalidades colectivas, acaba tarde o temprano en desastre. Esta ley terrible se cumple inexorablemente, ya que el tiempo es muy celoso de su competencia. Las decisiones individuales de hacer lo que uno quiera, las ve el tiempo como graciosos pasos de baile que excitan la creatividad, la suya y la de los mundos que gobierna, pero las impostaciones colectivas de quien quiere controlar las libertades individuales, el tiempo las rechaza como lo que son, simples impostaciones que atacan la esencia básica de su hacer, básicamente libertario. Esto, Manuel, es muy importante ya que garantiza un futuro amable a quienes se basan en los principios humanos por excelencia, que son los de la libertad, pero áspero y poco agradable para los que buscan soluciones colectivistas y totalitarias.

- Veo que es usted un optimista impenitente, Quinqué.

- Lo soy, sí señor. Ser pesimista puede ser útil en determinadas ocasiones, pero por regla general no lleva a ninguna parte. Y a pesar de que el pesimismo se adecúe más a la realidad del mundo, quién le negará esta evidencia, el optimismo es uno de los motores naturales que empuja la voluntad, por lo que podríamos decir que mientras la observación requiere de un cierto grado de pesimismo, la resolución y la acción piden, por el contrario, un cierto grado de optimismo. Por eso los generales, cuando excitan a sus hombres en los campos de batalla, les prometen el oro y el moro, y cuando las cosas están muy negras, una vía directa al paraíso, sea celestial o sea en un lugar preeminente en el Panteón de la patria, porque luchar por no tener nada que ganar, motiva poco.

Tenía razón Quinqué que la voluntad necesita sus estímulos, al igual que la extravagancia necesita la combustión interior de la pipa, y pensó Manuel que a pesar de no haber sido él un optimista incorregible como Quinqué, tampoco había pecado de pesimista, al requerir el trabajo de titiritero unos esfuerzos de espontánea sustentación, la cual tiene mucho que ver con la irracionalidad propia del optimismo. Y tal vez fuera esta misma sustentación la que había puesto el huevo así como propiciado la extravagancia resultante, cuyo mantenimiento tenía que ver con aquel principio de la voluntad individual asociada al tiempo, al ser un espacio moldeado por unas necesidades particulares de rastrear la ciudad y de conocer su relación con los mundos que nos rodean.

- Más claro, el agua, Manuel.

Y se dio cuenta el titiritero que a su Extravagancia le faltaba un punto que tenía que ver con este tema de la voluntad asociada a los títeres, que en definitiva era la herramienta empleada hasta ahora para vivir en este mundo. Una carencia a la que pronto tendría que enfrentarse.

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