domingo, 15 de julio de 2018

25 Capítulo (2a parte): Las Ramblas


Las Ramblas, año 1915.

Citarse en la Fuente de Canaletas era un tópico barcelonés que el señor Quinqué consideraba de los más entrañables de la ciudad, motivo por el que no dudó en proponer este lugar para encontrarse con su cliente titiritero. Llegó puntual Manuel y enseguida vio al guía turístico sentado en una de las sillas que hay cerca de la fuente. Se sentó a su lado, sorprendido de encontrarse donde se encontraba, ya que hacía meses que no pisaba las Ramblas y menos aún ocupando uno de sus escasos asientos.

- Manuel, lo primero que hice al llegar a Barcelona fue beber agua de la Fuente de Canaletas, y fíjese hasta qué punto se ha cumplido la ley que dice que quien bebe, vuelve siempre a la ciudad, que desde entonces no me he movido de ella. Una fuente excepcional, que a lo largo de la historia las ha visto de verdes y de maduras, siendo quizás el único de los mobiliarios urbanos del paseo que ha permanecido más o menos idéntico, ya que por lo demás, el tiempo, la historia y el diseño le han pasado el peine, a las Ramblas, día sí y día también. Una calle que se caracteriza por algo muy singular: a pesar de los profundos cambios que vive y ha vivido, sigue siendo la misma, lo que no hay quien lo entienda. Tal vez su secreto sea la gente, o los árboles, o la arquitectura que la configura, o el hecho de contener un mercado todavía en activo, el teatro de la ópera y el Barrio Chino, separados los tres por escasa distancia, y acogiendo tanto a la población canalla como a la culta y a la normal, más los millones de turistas que acuden para resolver el misterio y entenderlo sin entenderlo, que es la mejor manera de resolver los misterios.

Escuchaba Manuel el panegírico de las Ramblas de quien era su convencido guía turístico vocacional, lo que le hacía mucha gracia, en una época en la que los periódicos y las inteligencias de la ciudad no pasaban un día sin criticar aquella calle legendaria, que según ellos había perdido sus esencias.

- No lo crea, Manuel, porque a pesar de las razones que sustentan estos detractores, que son muchas y yo comparto plenamente, no ven la otra cara de la moneda, que sigue siendo la misma de toda la vida y que coincide con su cara oscura, aquella que aparece en los intersticios de día y la ocupa entera de noche, no siempre agradable, pero de una vitalidad y de un dramatismo fuera de lo común. Y a pesar de que no todo sea un camino de rosas, y que las carencias y los desaciertos sean mayúsculos por no decir descomunales, las Ramblas siguen siendo las Ramblas dígase lo que se diga.

- Señor Quinqué, nunca había oído una defensa de las Ramblas tant convencida y vehemente como la suya, créame.

- No hacerlo sería una injusticia por mi parte, Manuel. Piense que yo he vivido en miles de ciudades del mundo, y en ninguna parte he encontrado esta mezcla de familiaridad casera, de bienestar burgués, de canallismo simpático de barrio y de delincuencia rutinaria como la que he visto en esta calle. Unos complementos que hoy en día se elevan a una prominente potencia cosmopolita, al ser tantas las nacionalidades diferentes que la usufructúan, en todas sus distintas especialidades. Quizás sea este cosmopolitismo subido de tono y de una composición tan bizarra, más la banalización que siempre conlleva el turismo masivo, lo que la ha distanciada de los barceloneses cultos y sentimentales, a los que les cuesta adaptarse a su éxito internacional, que ven como una confiscación. Y quizás haga falta una sacudida de éstas que a veces hace la historia, para que las distancias se fundan y los de dentro y los de afuera se abracen en el reconocimiento mutuo de las desemejanzas y de los desencuentros, porque si algo tiene las Ramblas de básico es esta capacidad de juntar en un solo caudal aguas procedentes de mil lugares distantes y distintos, lo que induce a la exaltación de las diferencias, como si fuera un escenario teatral donde las excentricidades se exhiben, se admiran y se aplauden.

Pensó el titiritero que visto desde esta perspectiva, las Ramblas de Barcelona constituían otra extravagancia de la ciudad, por su capacidad de atraer públicos de procedencias tan dispares y de saberlos conjugar tan bien, lo que no es nada fácil y que nunca se consigue desde ninguna voluntad política o urbanística expresa. El huevo de esta extravagancia debería buscarse en el tiempo y en una voluntad inconsciente de los barceloneses, que a lo largo de la Historia la han ido modelando quizás con un único objetivo: disponer de una calle mayor y dinámica de la ciudad, llena de bares, restaurantes, hoteles, teatros, ópera, cabarets, sindicatos, mercados, tiendas, centros de arte y clubes deportivos, todo a mano y en íntima compañía, sin ningún orden ni concierto, con un final que le viene como anillo al dedo: la estatua de Colón que señala hacia América en la lejanía, invitando a los comerciantes catalanes y a sus líneas de navegación a salir y a hacer negocios. En este sentido, las Ramblas es un hilo que cose todos estos espacios, una especie de teatro de teatros, donde el público se convierte en el verdadero actor.

- Estoy totalmente de acuerdo con usted, Manuel, creo que lo ha explicado muy bien. Con un añadido: sus medidas humanas, más bien reducidas, ya que muchas veces este cúmulo de lugares las ciudades los ponen en grandes avenidas, lo que les va muy bien pero que sufren de una gran carencia: la proximidad que dan las dimensiones humanas. Y ya que ha hablado de las Ramblas como de una extravagancia y del huevo que lo ha creado, también le diré que este paseo es quizás uno de los pocos en el mundo que sabe pasar del dos al tres sin decirlo ni hacer ninguna publicidad, una calle por tanto paradójica, capaz de conjugar las oposiciones del dos creando por generación espontánea el tres que sabe cómo encajar la pluralidad. Un tres que los turistas encarnan de manera natural, fruto de esta extravagancia que sabe cómo trascender las convicciones opuestas de las personas.

Escuchaba el titiritero con el puro en la mano aún sin encender que para él representaba el tercero que se fumaba y se sabía fumado, lo que lo hermanó con aquellos turistas anónimos que caminaban a su lado, unos terceros que gozaban de la misma distancia que les daba aquel tres invisible de las Ramblas.

- Y es por eso, Manuel, que esta calle se hace tan difícil de ser enseñada por nosotros, los guías, no sólo por el obstáculo de encontrarnos con tanta gente, sino porque la gracia es conocerla y pasearla cada uno a su aire, para ver si se es capaz de captar la distancia de sus encantos, siempre y cuando vigile, eso sí, con los rateros y los carteristas, de una profesionalidad única en el mundo. ¿Pero qué le parece si vamos bajando? Una de las maravillas de las Ramblas es que uno puede bajar fumándose un puro, más o menos a todas horas y especialmente de noche, lo que le invito a hacer.

Encendieron las Brevas de Quintero que tenían ya en la boca y se levantaron para caminar Ramblas abajo. Deberían ser las cinco de la tarde y el nivel de gente era bastante alto pero soportable, tal vez por el poco calor que hacía y porque los turistas de un solo día ya se habían retirado.

- Tienen razón, Manuel, los detractores de las Ramblas en destacar cómo ha bajado el nivel de bares y restaurantes, que buscan el rendimiento fácil y rápido, sin pensar en lo importante, que es el bienestar de la gente y en servir bien al cliente. Pero me extraña que no hayan encontrado aún la solución, cuando es tan fácil: pongan restaurantes y bares de una cierta categoría, con un mimo en cuanto a la calidad de los productos y del diseño, y verá de inmediato como las cosas cambian. Las Ramblas deberían ofrecer calidad, no es necesario que sea de la gama más alta, sino que con una media basta. En cuanto a las opciones más baratas, yo las pondría en las calles circundantes, fomentando así su deriva popular. Esencial que los quioscos de periódicos abran toda la noche, una pérdida terrible de los últimos tiempos, esto es de capital importancia. Y el gran error: haber eliminado los puestos de de venta de pájaros. Aquí se han equivocado de pleno los responsables municipales. La excentricidad de aquellas tiendas llenas de periquitos, canarios, loros, tortuguitas y otros animales de gallinero era mayúscula, y simplemente hubiera bastado con buscar alguna mejoría en sus condiciones de vida. Fíjese en qué han degenerado: venta de helados, de camisetas del Barça, de souvenirs trasnochados, de golosinas azucaradas e insanas, unas paradas que han crecido en espesor, que obstaculizan el paso de los viandantes y que no son más que una pura redundancia del mal gusto que ya encontramos por doquier. Para mejorar la condición animal, han degradado la humana. ¡Incomprensible! Ya ve, Manuel, que también soy crítico con las cosas que no funcionan, las cuales son la hojarasca que no debe tapar el conjunto del paisaje.

- ¡Caramba, Quinqué, usted podría presentarse para alcalde!

- No sé qué decirle, creo que antes me haría bombero. Una cosa son las soluciones, y otra las ejecuciones. Por eso yo siempre he respetado a los cargos públicos, por la poca envidia que me dan. Para mí, nada es más admirable que ocuparse de los asuntos públicos con el ojo del contribuyente clavado encima. Más difícil de lo que nos pensamos. Y debo reconocer que si buscamos la media, el balance de las actuaciones municipales de Barcelona es sin duda positivo. Esto no quiere decir que no podría serlo aún más, ya que muy a menudo para llegar a las medias, se afeitan no pocas singularidades absolutamente imprescindibles pero que la razón urbana ignora y desprecia, siempre con la excusa del bien común, cuando muy a menudo se trata del simple afán de justificar un sueldo y un puesto de trabajo. Pero no quiero ser quisquilloso, hoy toca disfrutar de las Ramblas, Manuel, por eso estamos aquí.

Al pasar frente al edificio de la Real Academia de Ciencias y Artes de Barcelona, se detuvo Quinqué:

- Mire, Manuel, la hora oficial. Yo siempre me paro y la miro, y así me pongo al día, porque conviene de vez en cuando estar en la hora oficial, sí señor, que es la común de los mortales, aunque sea por un minuto, ya que una por una las personas disponemos de tiempos muy diferentes y difíciles de encajar. En eso nos parecemos a los planetas y a los astros, que tienen tiempos particulares cada uno, aunque ellos suelen mantener pautas regulares y fijas, a diferencia de los humanos, que parecemos ir todos por donde nos da la gana. Y sin embargo, si lo miráramos desde arriba, nos sorprendería ver las regularidades que también existen en nuestra anarquía aparente, un poco como hacen las hormigas, que cumplen con sus designios de especie mediante una computación estadística inconsciente, por lo que los objetivos se cumplen hagan lo que hagan. En este sentido, las Ramblas son un laboratorio perfecto para estudiar estos misterios del comportamiento, donde se llega casi siempre a la media por la combinación equilibrada entre las conductas regulares y las irregulares. Pero fíjese como algunos individuos con ganas de elevar la computación a las alturas de la singularidad se esfuerzan para llamar la atención y hacer de las suyas, una constante en la historia de las Ramblas, que siempre ha tenido a estos esforzados actores de la originalidad, convertidos en legendarios algunos, como la famosa Moños, un patrón que se ha mantenido firme hasta hoy, siendo quizás una de las características más propias y particulares de esta calle.

Hay que decir que el personal que constituía la densa muchedumbre del paseo central resumía muy bien esta mezcla de normalidad y de excentricidad, con paseantes de lo más normal y bien alimentados junto a otros que más bien parecían lo contrario, algunos con ofertas estrambóticas de objetos a un euro, de artefactos luminosos que se tiran al aire, de cervezas escondidas en las papeleras, entre otras especialidades.

- Algo que quizás no sabe, Manuel, es que el actual Teatro Poloriama, que acabamos de dejar en el mismo edificio de la hora oficial, fue el primer cine de la ciudad abierto en 1899, con el nombre de Cine Martí. Yo siempre lo cuento a mis clientes, que suelen apreciar mucho estos detalles.

Debía reconocer Manuel su ignorancia en la historia antigua de Barcelona, lo que se explica por el hecho de no ser natural de ella, al haber nacido en Murcia, aunque de muy niño se instaló aquí con su familia. De todos modos se había esforzado mucho en conocerla, debido sobre todo a su profesión, ya que muy a menudo le habían encargado obras de temática local.

- Lo que me impresiona de esta calle es la variedad tan extraordinaria de sus usufructuarios, piense que en este momento, si tuviéramos que hacer una lista de los países que están aquí representados, pasaríamos de la cincuentena, ¡y quizás me quede corto! ¿No le parece admirable? Y aunque no todo el mundo lo vea así, para mí no deja de ser un verdadero lujo para la ciudad. De entrada, ver como culturas tan distintas participan de este espíritu mediterráneo de la calle río que hierve alrededor del comercio, del teatro, de las flores, antes de los pajaritos, del mercado, de la ópera, del cabaret, de las ofertas culturales y de las canallas ... y por otro lado, disponer de tantos puntos de vista diferentes, que a pesar de no expresarse todos y no llegarnos por la vía directa, sabemos que están y que se manifiestan aunque sea subliminalmente, como dicen los entendidos. Y eso, Manuel, es como disponer de una palanca que abre y amplía el significado de las cosas, para el bien de todos, de las Ramblas y de Barcelona.

- Lástima que los beneficios vayan a parar siempre a las mismas manos, Quinqué.

- En eso tiene toda la razón, sí señor, ya lo comentamos otra vez. Pero una cosa no priva la otra. Reivindicar la redistribución de las ganancias está al orden del día y creo que tarde o temprano, por la simple supervivencia del negocio, se deberá llegar a ello.

Pasaban en ese momento delante del Mercado de la Boqueria, lleno a esa hora de turistas que entraban y salían.

- Pasemos de largo, Manuel, este mercado lo quiero mucho pero a estas horas se ha vuelto inviable para nosotros, demasiada gente y demasiados puestos de venta de golosinas para los turistas. Yo vengo a comprar a menudo, pero siempre antes de las diez de la mañana. Y le aseguro que sigue siendo de los más baratos de Barcelona.

Al llegar al cruce con la calle Hospital, se detuvo Quinqué.

- Este punto, considerado por los entendidos como 'el rovell de l'ou', es decir, la 'yema del huevo' de las Ramblas y de Barcelona, es una maravilla que la Historia nos ayuda a valorar aún más, un claro que se abre de repente sin los plátanos, con este dibujo del señor Miró que sale en todas las fotos de los turistas y las dos entradas del metro. Es el centro y al mismo tiempo la bisagra de las Ramblas, partida por el eje de las calles Hospital y Boqueria, el cruce donde termina la zona del Mercado y de las tiendas, y comienza la más nocturna y canalla, la de los bares, teatros, cabarets y restaurantes. Y fíjese la inteligencia espontánea de esta calle, que enseguida y quizás para neutralizar los lados oscuros de esta parte baja, se tropieza con el Liceo, la Ópera de la ciudad, una maravillosa incongruencia que da carácter y ayuda a equilibrar las cosas. Yo le sugeriría sentarnos en una mesa del Café de la Ópera, el único bar que queda con un poco de carácter antiguo. Y como a mí me gusta servir bien al cliente, le invito a un café en la terraza de enfrente.

Había una mesa libre y la ocuparon de inmediato. Los puros estaban en su apogeo de humo y placer y, una vez servidos los dos cafés, se relajaron mirando la riada de gente que bajaba tranquilamente por las Ramblas. A esa hora de la tarde, resaltaba una presencia tranquila de familias con sus niños y una gran variedad de colores en los atuendos.

- No hay nada que más me emocione que ver a estas familias de turistas pasear por las Ramblas. Cuando pienso en el esfuerzo que significa viajar hoy en día con criaturas, cogiendo aviones con todas las colas de los aeropuertos, los controles de pasajeros, las horas de espera y de retraso, uno se maravilla de que haya tantas familias en el mundo que quieran venir a Barcelona. ¡Inexplicable al cien por cien! Y sin embargo, esta es la realidad del caso, que yo casi califico de milagro, y que me hace pensar que quizás haya unos atractivos de la ciudad mundialmente conocidos y que nosotros todavía no hemos descubierto, por eso me esfuerzo cada día en descubrirlos, unos atractivos que quizás lo son para mentalidades diferentes a las locales, y así, una vez descubiertos, los podemos añadir a los encantos de nuestro patrimonio, que yo incorporo enseguida a los programas de visita.

Hacía un rato que Manuel había dejado de escuchar a Quinqué, saturado como estaba de tantos elogios de la ciudad, lo que se explicaba por su origen extranjero, de alguien que había encontrado en Barcelona un paraíso para su vocación de guía. Miraba él también a la gente y se fijaba en los detalles de los vestidos, de los peinados y de los colores de las caras. Veía que todos eran diferentes y a la vez iguales, y pensó si no sería aquella una de las sensaciones típicas de las Ramblas, de poder pasar de lo general a lo singular y de lo singular a lo general sin moverse de la silla. Vio entre el gentío a algunos de sus títeres, paseando tan tranquilos como unos turistas más, o como unos barceloneses de toda la vida, y se dio cuenta que aquellas personitas de madera que sólo él podía ver se  habían incorporado al paisaje de su vida, como un complemento exterior y con una independencia total.

De repente escucharon un ruido extraño y gente corriendo por todos lados. Se imaginó por un momento Manuel si no sería alguna jugada de su pipa interior, que hacía rato quemaba a todo gas, pero no, la gente gritaba y corría. Vio al Perico Perico que se les acercaba y con un grito al oído les decía:

- ¡Corred, alguien está arrollando a la gente!

Y entonces vieron una furgoneta que después de llevarse parte del quiosco de periódicos que hay al final de la Rambla de las Flores, se detenía ante el dibujo de Miró, a unos pasos de donde estaban ellos. Alguien abrió la puerta y saltó, para desaparecer entre el tumulto.

- Un ataque terrorista! - gritó un camarero.

- ¡Manuel, se impone movernos, salgamos de aquí!

Cruzaron la calle y se vieron arrastrados por la gente ante la entrada de uno de los hoteles, el Internacional que hace esquina con la calle Boqueria. Subieron y unos camareros les indicaron que tenían que ir al salón. Allí se dirigieron al balcón y pudieron ver la Rambla medio vacía y asustada, y, al acto, convertida en un caos, con las sirenas de la policía que empezaban a sonar. La gente corría sin saber adónde ir y más arriba vieron a varias personas tiradas por el suelo, víctimas de aquella furgoneta, según habían comprendido.

- Manuel, veo que todo el mundo está en estado de shock. No sé usted, pero yo también lo estoy, ya que nunca me hubiera imaginado que alguien quisiera atentar contra la pobre gente que pasea por las Ramblas. Pero ya ve como nos equivocamos a veces. También es cierto que el señor Mercurio nos lo advertía desde hace tiempo, que el éxito de Barcelona es como la miel que atrae a las moscas del terror y que tarde o temprano podía pasar algo. Pero ya sabe que uno nunca se imagina las desgracias, sobre todo cuando se es de tipo optimista, como lo yo soy.

Tenía que reconocer Manuel que esta preocupación nunca se le había pasado por la cabeza. Sabía que había guerras en el mundo, y que Oriente Medio estaba encendido por los cuatro costados, pero como la mayoría de las personas, nunca había sospechado que alguien escogiera Barcelona para atentar.

- Parece que hay muchos muertos y heridos. Piden médicos aunque las ayudas ya están llegando -así se expresó un camarero que parecía filipino en un español muy correcto.

Habían lanzado los puros al subir las escaleras y estaban sentados alrededor de una de las mesitas que el hotel tiene junto a los balcones. La policía ocupaba ya toda la calle y prohibía a la gente salir de los bares y de los hoteles. Buscaban al conductor de la furgoneta y no sabían si se había refugiado en algún local y si había aún más peligro de atentados.

- Manuel, nos hemos escapado por un pelo, ya que no hace ni cinco minutos que usted y yo bajábamos tan tranquilos por las Ramblas con los puros encendidos y seguro que no nos hubiéramos dado cuenta de que alguien nos embestía por detrás. Y la furgoneta se ha parado a unos escasos diez metros del lugar donde estábamos sentados. Me alegro especialmente por usted, ya que yo por mi oficio las he visto de todo tipo y tengo como los gatos seis y siete vidas de repuesto, pero debo decirle que me habría sentido muy consternado y culpable si alguna desgracia le hubiera acaecido. Ahora, me pregunto cuánta gente ha quedado herida por esta salvajada, y quizás muerta ...

Un camarero que miraba la Rambla a su lado dijo:

- Según dicen, hay unos cuantos muertos y muchos heridos. ¡Nunca había visto algo así!

Se volvió para atender a la multitud de personas que se había resguardado en el hotel.

El atentado había disparado los efectos de la pipa de Manuel, que veía como su tercero despegaba y contemplaba el horror de la Rambla con mucha gente tirada por el suelo, sangrando mientras los primeros auxilios llegaban y algunas ambulancias comenzaban a sacar sus enseres de asistencia. Sí, más que un atentado era una salvajada, como había dicho Quinqué. Recordaba las palabras de su guía mientras bajaban por las Ramblas y pensó que aquella singularidad de la furgoneta asesina había roto todo el hechizo de la calle, aquel juego de equilibrios entre la normalidad y la excentricidad que manos secretas combinaban como si se tratara de un cóctel de los más refinados. El fanatismo de la pulsión criminal lo había roto, tirando por tierra la balanza que permitía la mágica composición.

Quinqué, que se había acostumbrado a escuchar los pensamientos de su cliente, dijo:

- Estoy totalmente de acuerdo con usted, Manuel. Y también le diré que hoy acabamos de ver como la Rambla, que es una calle que sabe pasar del dos al tres, como antes hemos comentado, acaba de bajar del dos al uno, que es cuando aquel que se enfrenta a los demás pretende imponer su razón a sangre y fuego, con el fin de que el mundo se convierta en un uno como una casa, en el que no tenga cabida quien piense de una manera diferente. Es decir, la rica dinámica de la oposición del dos cuando se infecta de fanatismo, degenera en el uno dogmático de las verdades únicas, que para imponerse necesitan matar y aterrorizar a los demás. Para estos terroristas, no hay más que su razón, ya que así funcionan los poseídos por las grandes verdades.

- Quizá por eso han actuado en las Ramblas, que son conocidas como un paseo donde todo encaja a pesar de sus diferencias.

- De cajón, Manuel, pero fíjese en la impotencia de su acto, que para mí es lo más patético de todo este triste espectáculo, ya que pasado el terror, las Ramblas han saltado directamente del uno al tres de golpe y porrazo sin ni siquiera pasar por el dos, con una intensidad inusual, borrando la pretendida acción del conductor terrorista, ya que no otra cosa es la sensación que sentimos en nuestro entorno, este tipo de hermandad que impregna a los vivos que se saben vivos después de escapar de la muerte y que une a todos, camareros, vendedores de latas, turistas, transeúntes locales, ricos, pobres, tenderos y rateros, a pesar de que algunos de ellos, por su profesionalidad visceral, no puedan evitar seguir cumpliendo con sus deberes de vaciar los bolsillos, como acabo de ver ahora mismo. Por eso es importante advertir a los visitantes que nunca dejen de vigilar sus pertenencias, por muchos atentados y fiestas mayores que se hagan.

Y pudo ver Manuel que las palabras de Quinqué se cumplían al pie de la letra, con una reacción de la gente absolutamente ejemplar, entregados todos a ayudar al vecino, a consolarlo, los camareros a servir cafés y aguas sin cobrar nada, algunos de los rateros mostrando sus virtudes más franciscanas, o los policías ordenando el tráfico y ayudando a las personas que no sabían adónde ir.

- Vea aquí de nuevo los efectos de las dimensiones humanas de esta calle, que hacen que todo lo que pasa sea cosa de todos, al sentirse todos más o menos protagonista de su historia, la pequeña Historia en mayúscula que hoy ha dejado su huella de fuego en sus anales. ¡Admirable al cien por cien, Manuel!

Pensó el titiritero que aquel susto inesperado había sido como una bajada drástica a la realidad, una caída a la tangibilidad del mundo, que de pronto adquiría una presencia que hasta entonces se había mantenido alejada. Y comprendió que la Extravagancia nacida del huevo puesto en el Aposento tenía por función conectarlo no sólo con los planetas, con los muertos que hacían turismo de ultratumba por el Sistema Solar o con los animales del Zoo que hablaban como filósofos, sino también con las cosas de este mundo, las que seguían la misma lógica del uno que pasa al dos, y del tercero que sale y se fuma un puro, a pesar de que la realidad no se fume ninguno. La lógica del dos que pasa al tres era la lógica por la que pugnaba el mundo en su conjunto, sean vivos o difuntos, y una profunda emoción le embargó al comprender que habían sido los títeres los responsables de esta transformación del huevo en la retorta interior que lo subía al tres.

Pasaron más de tres horas acurrucados en el balcón del hotel, sin que la policía dejara salir a nadie, con la sensación de estar viviendo unos momentos especiales que tenían que ver con ellos, con la ciudad, con las dinámicas del mundo y con las Ramblas. Finalmente, la tensión se relajó y pudieron bajar a la calle, donde fueron obligados a desfilar por la calle Boqueria, ya que el paseo central se mantenía cerrado al público.

25 Capítol (2a part): Les Rambles



Les Rambles, l'any 1915

Trobar-se a la Font de Canaletes era un tòpic barceloní que el senyor Quinqué considerava dels més entranyables de la ciutat, motiu pel qual no dubtà a citar a aquest lloc al seu client titellaire. Arribà puntual Manuel i de seguida va veure al guia turístic assegut a una de les cadires que hi ha prop de la font. Hi havia la del costat buida de manera que l'ocupà, sorprès de veure's on es veia, ja que feia mesos que no trepitjava les Rambles i menys encara ocupant un dels escassos seients que tenia.

- Manuel, el primer que vaig fer en arribar a Barcelona va ser beure aigua de la Font de Canaletes, i fixi's fins a quin punt s'ha complert la llei que diu que qui en beu, torna sempre a la ciutat, que des de llavor no m'hi he mogut. Una font del tot excepcional, que al llarg de la història les ha vist de verdes i de madures, sent potser l'únic dels mobiliaris urbans del passeig que ha romàs més o menys idèntic, ja que pel demés, el temps, la història i el disseny li han passat la pinta, a les Rambles, dia sí i dia també. Un carrer que es caracteritza per quelcom de ben singular: malgrat els profunds canvis que viu i ha viscut, segueix sent el mateix, cosa que no hi ha qui ho entengui. Potser el seu secret sigui la gent, o els arbres, o l'arquitectura que la configura, o el fet de contenir un mercat encara en actiu, el teatre de l'òpera i el Barri Xino, separats els tres per escassa distància, donant cabuda tant a la població canalla com a la culta i a la mitjana, amb els milions de turistes que hi acudeixen per resoldre el misteri i entendre'l sense entendre'l, que és la millor manera de resoldre els misteris.
Escoltava Manuel el panegíric de les Rambles de qui era el seu convençut guia turístic vocacional, cosa que li feia molta gràcia, en una època en la que els diaris i les intel·ligències de la ciutat no paraven de criticar aquell carrer llegendari, que segons ells havia perdut les seves essències.

- No ho cregui, això, Manuel, perquè tot i les raons que sustenten aquests detractors, que són moltes i jo comparteixo plenament, no veuen l'altra cara de la moneda, que segueix sent la mateixa de tota la vida i que coincideix amb la seva cara fosca, aquella que apareix als intersticis del dia i l'ocupa sencera de nit, no sempre agradable, però d'una vitalitat i d'un dramatisme com es troba a pocs llocs. I malgrat no tot ser flors i violes, i que les mancances i els desencerts són majúsculs per no dir descomunals, les Rambles segueixen sent les Rambles peti qui peti i passi el que passi.

- Senyor Quinqué, mai havia vist una defensa de les Rambles tant convençuda i vehement, cregui'm.

- No fer-ho seria una injustícia per la meva part, Manuel. Pensi que jo he viscut a milers de ciutats del món, i enlloc he trobat aquesta barreja de familiaritat casolana, de benestar burgès, de canallisme de barri i de delinqüència rutinària com la que he vist en aquest carrer. Uns complements que avui en dia s'enfilen a una elevada potència cosmopolita, en ser tantes les nacionalitats diferents que l'usufructuen, en totes les seves distintes especialitats. Potser sigui aquest cosmopolitisme pujat de to i d'una composició tan bigarrada, més la banalització que sempre comporta el turisme massiu, allò que l'ha distanciada dels barcelonins cultes i sentimentals, als quals els costa adaptar-se al seu èxit internacional, que veuen com una confiscació. I potser manqui una sacsejada d'aquestes que fa a vegades la història, perquè les distàncies es fonin i els de dins i els de fora s'abracin en el reconeixement mutu de les dissemblances, perquè si alguna cosa té les Rambles de bàsica és aquesta capacitat d'ajuntar en un sol caudal aigües procedents de mil llocs distants i distints, excitant l'exaltació de les diferències, com si fos un escenari teatral on les excentricitats s'exhibeixen, s'admiren i s'aplaudeixen.

Pensà el titellaire que vist des d'aquesta perspectiva, les Rambles de Barcelona  constituïen una altra extravagància de la ciutat, per la seva capacitat d'atraure públics de procedències tan dispars i de saber-los conjugar tan bé, cosa que no és gens fàcil i que mai s'aconsegueix des de cap voluntat política o urbanística expressa. L'ou d'aquesta extravagància s'hauria de buscar en el temps i en una voluntat inconscient dels barcelonins, que al llarg de la Història l'han anat modelant potser amb un únic objectiu: disposar d'un carrer major i dinàmic de la ciutat, és a dir, ple de bars, restaurants, hotels, teatres, òpera, cabarets, sindicats, mercats, botigues, centres d'art i clubs esportius, els quals estiguin tots a mà i es succeeixin un al costat dels altres, sense ordre ni concert, amb un final que li ve com anell al dit: l'estàtua de Colon que assenyala Amèrica envers la llunyania, invitant els comerciants catalans i les seves línies de navegació a sortir i a fer negocis. En aquest sentit, les Rambles és un fil que cus tots aquests espais, una mena de teatre de teatres, on el públic es converteix en el verdader actor.

- Estic totalment d'acord amb vostè, Manuel, crec que ho ha explicat molt bé. Amb un afegit: les seves mides humanes, més aviat reduïdes, ja que moltes vegades aquest cúmul de llocs les ciutats el posen a les grans avingudes, cosa que els hi va molt bé però que pateixen d'una gran mancança: la proximitat que donen les dimensions humanes. I ja que ha parlat de les Rambles com d'una extravagància i de l'ou que l'ha creat, també li diré que aquest passeig és potser un dels pocs al món que sap passar del dos al tres sense dir-ho ni fer-ne cap publicitat, un carrer per tant paradoxal, capaç de conjugar les oposicions del dos tot creant per generació espontània el tres que sap com encaixar la pluralitat. Un tres que els turistes encarnen de manera natural, fruit d'aquesta extravagància que sap com transcendir les conviccions oposades de les persones.

Escoltava el titellaire amb el puro a la mà que encara no havia encès i que per a ell representava el tercer que es fumava i se sabia fumat, cosa que l'agermanà amb aquells turistes anònims que caminaven al seu costat, uns tercers que gaudien de la mateixa distància que els donava aquell 'tres' invisible de les Rambles.

- I és per això, Manuel, que aquest carrer es fa tan difícil de ser ensenyat per nosaltres, els guies, no sols per l'obstacle de trobar-nos amb tanta gent, sinó perquè la gràcia és conèixer-lo i passejar-hi per si mateix, per veure si un és capaç de pescar la distància dels seus encants, sempre i quan es vigili, això sí, amb els pispes i els carteristes, d'una professionalitat única al món. Però què li sembla si anem baixant? Una de les meravelles de les Rambles és que un hi pot baixar fumant-se un puro, més o menys a totes hores i especialment de nit, cosa que el convido a fer.

Es posà a la boca la seva Breva de Quintero, i un cop encesos els puros, s'aixecaren per posar-se a caminar Rambles avall. Deurien ser les cinc de la tarda i el nivell de gent era força alt però suportable, potser per la calor que feia i perquè els de visita d'un sol dia ja havien marxat.

- Tenen raó, Manuel, els detractors de les Rambles en destacar com ha baixat el nivell de bars i restaurants, que busquen el rendiment fàcil i ràpid, sense pensar en l'important, que és el benestar de la gent i en servir bé el client. Però m'estranya que no hagin trobat encara la solució, quan és ben fàcil: posin restaurants i bars d'una certa categoria, amb un mim pel que fa a la qualitat dels productes i del disseny, i es veuria d'immediat com les coses canviarien. Les Rambles haurien d'oferir qualitat, no cal que sigui de la gama més alta, sinó que amb una mitjana n'hi hauria prou. Pel que fa a les opcions més barates, jo les posaria als carrers circumdants, fomentant així la seva deriva popular. Essencial que els quioscos de diaris obrin tota la nit, una pèrdua terrible dels últims temps, això és de capital importància. I el gran error: haver eliminat les paradetes d'ocells. Aquí s'han equivocat de ple els responsables municipals. L'excentricitat d'aquelles botiguetes plenes de periquitos, canaris, lloros, tortuguetes i altres bestioles de galliner era majúscula, i simplement n'hi hagués hagut prou de buscar unes condicions més adients a la vida dels animals. Fixi's en què han degenerat: venda de gelats, de samarretes del Barça, de souvenirs tronats, de llaminadures ensucrades i gens sanes, unes parades que han crescut en gruix i  que obstaculitzen als vianants i que no són més que una pura redundància del mal gust i del que ja trobem al costat. Incomprensible! Ja veu, Manuel, que també sóc crític en les coses que no funcionen, les quals són la fullaraca que no ens ha de tapar el conjunt del paisatge.

- Caram, Quinqué, vostè es podria presentar per alcalde!

- No sé què dir-li, crec que abans em faria bomber. Una cosa són les solucions, i una altra les execucions. Per això jo sempre he respectat als càrrecs públics, per la poca enveja que em fan. Per a mi, res de més admirable que voler ocupar-se dels afers públics amb l'ull del contribuent clavat a sobre. Més difícil del que ens pensem. I haig de reconèixer que si busquem la mitjana, el balanç de les actuacions municipals de Barcelona és sens dubte positiu. Això no vol dir que no podria ser-ho més encara, ja que molt sovint per arribar a les mitjanes, s'afaiten no poques singularitats absolutament imprescindibles però que la raó urbana ignora i menysprea, sempre amb l'excusa del bé comú, quan molt sovint es tracta del simple afany de justificar un sou i una feina. Però no vull ser primmirat, avui toca gaudir de les Rambles, Manuel, per això som aquí.

En passar davant de l'edifici de la Reial Acadèmia de Ciències i Arts de Barcelona, s'aturà en Quinqué:

- Miri, Manuel, l'hora oficial. Jo sempre em paro i la miro, i així em poso al dia, perquè convé de tant en tant estar a l'hora oficial, que és la comuna dels mortals, ni que sigui per un minut, ja que una per una les persones disposem de temps molt diferents i difícils d'encaixar. En això ens assemblem als planetes i als astres, que tenen temps particulars cadascú, tot i que ells solen mantenir pautes regulars i fixes, a diferència dels humans, que semblem anar tots per on ens dóna la gana. I tanmateix, si ho miréssim des de dalt, ens sorprendria veure les regularitats que també hi ha en la nostra anarquia aparent, una mica com fan les formigues, que compleixen amb els seus designis d'espècie mitjançant una computació estadística inconscient, de manera que els objectius s'acompleixen facin el que facin. En aquest sentit, les Rambles són un laboratori perfecte per estudiar aquests misteris del comportament, on s'arriba quasi sempre a la mitjana per la combinació equilibrada entre les conductes regulars i les irregulars. Però fixi's com alguns individus amb ganes d'elevar la computació a les altures de la singularitat s'esforcen per cridar l'atenció i fer de les seves, una constant en la història de les Rambles, que sempre ha tingut aquests esforçats actors de la originalitat, esdevinguts llegendaris alguns, com la famosa Monyos, un patró que s'ha mantingut ferm fins avui, sent potser una de les característiques pròpies i particulars d'aquest carrer.

S'ha de dir que el personal que poblava la densa munió de gent del passeig central resumia molt bé aquesta barreja de normalitat i d'excentricitat, amb passejants d'allò més normals i ben alimentats al costat d'altres que més aviat semblaven el contrari, alguns amb ofertes estrambòtiques d'objectes a un euro, d'artefactes lluminosos que es llencen a l'aire, de cerveses amagades a les papereres, entre altres especialitats.

- Una cosa que potser no sàpiga, Manuel, és que l'actual Teatre Poloriama, que acabem de deixar en el mateix edifici de l'hora oficial, va ser el primer cinema de la ciutat obert el 1899, amb el nom de Cinema Martí. Jo sempre ho explico als meus clients, que solen apreciar molt aquestes dades.

Havia de reconèixer en Manuel la seva ignorància en la història antiga de Barcelona, cosa que s'explica pel fet de no ser-ne oriünd, en haver nascut a Múrcia, tot i que de molt jovenet s'instal·là aquí amb la seva família. Això no volia dir que no s'hi havia esforçat, a causa sobretot de la seva professió, ja que força sovint li havien encarregat obres de temàtica local.

- Allò que m'impressiona d'aquest carrer és la varietat tan extraordinària dels seus usufructuaris, pensi que en aquest moment, si haguéssim de fer una llista dels països que estan aquí representats, passaríem de la cinquantena, i potser em quedi curt! No li sembla admirable? I encara que no tothom ho vegi així, per a mi no deixa de ser un verdader luxe per a la ciutat. D'entrada, veure com cultures tan distintes participen d'aquest esperit mediterrani del carrer riu que bull a l'entorn del comerç, del teatre, de les flors, abans dels ocellets, del mercat, de l'òpera, del cabaret, de les ofertes culturals i de les canalles... I per altra banda, disposar de tants punts de vista diferents, que malgrat no tots s'expressin i no ens arribin directament, sabem que hi són i es manifesten ni que sigui subliminalment, com diuen els entesos. I això, Manuel, és com disposar d'un calçador que obre i amplia el significat de les coses, per al bé de tots, de les Rambles i de Barcelona.

- Llàstima que els beneficis vagin a parar sempre a les mateixes mans, Quinqué.

- En això té tota la raó, sí senyor, ja ho vam comentar una vegada. Però una cosa no priva l'altra. Reivindicar la redistribució dels guanys està a l'ordre del dia i crec que tard o d'hora, per la simple supervivència del negoci, s'hi haurà d'arribar

Passaven en aquell moment davant del Mercat de la Boqueria, ple a aquella hora de turistes que entraven i sortien.

- Passem de llarg, Manuel, aquest mercat me l'estimo molt però a aquestes hores s'ha tornat inviable per a nosaltres, massa gent i masses parades de venda de llaminadures pels turistes. Jo hi vinc a comprar sovint, però sempre abans de les deu del matí. I li asseguro que segueix sent dels més barats de Barcelona.

En arribar a la cruïlla amb el carrer Hospital, s'aturà en Quinqué.

- Aquest punt, considerat pels entesos com el rovell de l'ou de les Rambles i de Barcelona, és una meravella que la Història ajuda a valorar encara més, una clariana que s'obre de sobte sense els plàtans, amb aquest dibuix del senyor Miró que surt a totes les fotografies dels turistes i les dues entrades del metro. És el pinyol i alhora la frontissa de les Rambles, partit per l'eix dels carrers Hospital i Boqueria, la cruïlla on s'acaba la zona del Mercat i de les botigues, i comença la més nocturna i canalla, la dels bars, teatres, cabarets i restaurants. I fixi's la intel·ligència espontània d'aquest carrer, que de seguida i potser per neutralitzar els costats foscos d'aquesta part baixa, s'ensopega amb el Liceu, l'Òpera de la ciutat, una meravellosa incongruència que dóna caràcter i ajuda a equilibrar les coses. Jo li suggeriria d'asseure'ns en una taula del Cafè de l'Òpera, l'únic bar que queda amb una mica de caràcter antic. I com que a mi m'agrada servir bé al client, el convido a un cafè a la terrassa de fora.

Hi havia una taula miraculosament lliure i la van ocupar d'immediat. Els puros estaven en el seu apogeu de gust i fum, i un cop servits els dos cafès, es van relaxar mirant la riuada de gent que baixava i pujava xino-xano per les Rambles. A aquella hora de la tarda, s'imposava una presència tranquil·la de famílies amb els seus nens i una gran varietat de colors i vestits.

- No hi ha res que més m'emocioni que veure aquestes famílies de turistes passejar per les Rambles. Quan penso l'esforç que significa viatjar avui en dia amb criatures, agafant avions amb totes les cues dels aeroports, els controls de passatgers, les hores d'espera i de retard, un es meravella de veure que hi hagi tantes famílies al món que volen venir a Barcelona. Inexplicable al cent per cent! I tanmateix, aquesta és la realitat del cas, que jo quasi bé la qualifico de miracle, i que em fa pensar que potser hi hagi uns atractius de la ciutat mundialment coneguts i que nosaltres encara no hem descobert, per això m'esforço cada dia a descobrir-los, atractius que potser ho són per a mentalitats diferents a les locals, i així, un cop descoberts, els podem afegir als encants del nostre patrimoni, que jo incorporo de seguida als programes de visita.

Feia una estona que Manuel havia deixat d'escoltar a Quinqué, saturat com estava de tants elogis de la ciutat, cosa que s'explicava pel seu origen estranger, el qual havia trobat en Barcelona un paradís per a la seva vocació de guia. Mirava ell també la gent i es fixava en els detalls dels vestits, dels pentinats i dels colors de les cares. Veia que tots eren diferents i alhora iguals, i va pensar si no seria aquella una de les sensacions típiques de les Rambles, de poder passar del general al singular i del singular al general sense moure's de la cadira. Va veure entre la gentada a alguns dels seus titelles, passejant tan tranquils com uns turistes més, o com uns barcelonins de tota la vida, i s'adonà que aquelles personetes de fusta que només ell podia veure s'havien incorporat al paisatge de la seva vida, com un complement exterior, amb una independència total.

De sobte van sentir un soroll estrany i gent corrent por totes bandes. S'imaginà per un moment Manuel si no seria alguna jugada de la seva pipa interior, que feia estona cremava a tot gas, però no, la gent cridava i corria. Va veure al Perico Perico que se'ls acostava i amb un crit a l'orella els deia:

- Correu, algú està atropellant la gent!

I llavors van veure una furgoneta que després d'emportar-se part del quiosc de diaris que hi ha al final de la Rambla de les Flors, s'aturava davant del dibuix de Miró, a poques passes d'ells. Algú obrí la porta i saltà, per desaparèixer entre el tumult.

- Un atac terrorista! - cridà un cambrer.

- Manuel, s'imposa moure'ns, sortim d'aquí!

Creuaren el carrer i es van veure arrossegats per la gent  davant l'entrada d'un dels hotels, l'Internacional que fa cantonada amb el carrer Boqueria. Pujaren i uns cambrers els indicaren que havien d'anar al saló. Allà s'adreçaren al balcó i van poder veure la Rambla mig buida i espantada, i de seguida feta un caos, amb les sirenes de la policia que començaven a sonar. La gent corria sense saber on anar i més amunt van veure diverses persones tirades pel terra, víctimes d'aquella furgoneta i del seu conductor terrorista, segons havien comprès.

- Manuel, veig que tothom està en estat de xoc. No sé vostè, però jo també ho estic, ja que mai m'hauria imaginat que algú volgués atemptar contra la pobre gent que passeja per les Rambles. Però ja veu com ens equivoquem a vegades. També és cert que el senyor Mercuri ens ho advertia des de fa temps, que l'èxit de Barcelona és com la mel que atrau les mosques del terror i que tard o d'hora pot passar-hi alguna cosa. Però ja sap que un mai s'imagina les desgràcies, sobretot quan s'és de mena optimista, com jo sóc.

Havia de reconèixer en Manuel que aquesta preocupació mai li havia passat pel cap. Sabia que hi havia guerres al món, i que l'Orient Mitjà estava encès per tots quatre cantons, però com la majoria de les persones, mai havia sospitat que algú escollís Barcelona per atemptar.

- Sembla que hi ha molts morts i ferits. Demanen metges tot i que les ajudes ja estan arribant -així s'expressà un cambrer que semblava filipí en un espanyol molt correcte.

Havien llançat els puros en pujar les escales i seien a l'entorn d'una de les tauletes que l'hotel té al costat dels balcons. La policia ocupava ja tot el carrer i prohibia a la gent sortir dels bars i dels hotels. Buscaven el conductor de la furgoneta i no sabien si s'havia refugiat en algun local i si hi havia encara més perill d'atemptats.

- Manuel, ens hem escapat ben bé d'un pèl, ja que no fa ni cinc minuts que vostè i jo baixàvem tan tranquils per les Rambles amb els puros encesos i de ben segur no ens haguéssim adonat de que algú ens envestia pel darrere. I la furgoneta aquesta s'ha parat a uns escassos deu metres del lloc on sèiem. Me n'alegro especialment per vostè, ja que jo pel meu ofici n'he vist de totes i tinc com els gats sis i set vides de recanvi, però li haig de dir que m'hauria sentit molt consternat i culpable si alguna desgràcia li hagués succeït. Ara, em pregunto quanta gent ha quedat ferida per aquesta salvatjada, i potser morta...

Un cambrer que mirava la Rambla al seu costat va dir:

- Segons diuen, hi ha uns quants morts i molts ferits. Mai havia vist una cosa així!

Girà cua per atendre a la multitud de persones que s'havia protegit a l'hotel.

L'atemptat havia disparat els efectes de la pipa d'en Manuel, que veia com el seu tercer s'enlairava i contemplava l'horror de la Rambla amb molta gent estirada per terra, sagnant mentre els primers auxilis arribaven i algunes ambulàncies començaven a treure els seus estris d'assistència. Sí, més que un atemptat era una salvatjada, com havia dit en Quinqué. Recordava les paraules del seu guia mentre baixaven per les Rambles i pensà que aquella singularitat de la furgoneta assassina havia trencat tot l'encanteri del carrer, aquell joc d'equilibris entre la normalitat i l'excentricitat que mans secretes combinaven com si es tractés d'un còctel dels més refinats. El fanatisme de la pulsió criminal l'havia esberlat, tirant per terra la balança que permetia la màgica composició.

En Quinqué, que s'havia acostumat a escoltar els pensaments del seu client, va dir:

- Estic totalment d'acord amb vostè, Manuel. I també li diré que avui acabem de veure com la Rambla, que és un carrer que sap passar del dos al tres, com abans hem comentat, acaba de baixar del dos a l'u, que és quan aquell que s'enfronta als demés pretén imposar la seva raó a foc i a sang, amb la finalitat de que el món esdevingui un u com una casa, en el que no hi tingui cabuda qui pensi d'una manera diferent. És a dir, la rica dinàmica de l'oposició del dos quan s'infecta de fanatisme, degenera en l'u dogmàtic de les veritats úniques, que per imposar-se necessita matar i terroritzar als demés. Per a aquests terroristes, no hi ha més que la seva raó, ja que així funcionen els posseïts pel fanatisme de les grans veritats.

- Potser per això han actuat a les Rambles, que són conegudes com un passeig on tot hi encaixa malgrat les seves diferències.

- De caixó, Manuel, però fixi's en la impotència del seu acte, que per a mi és la cosa més patètica de tot aquest trist espectacle, ja que passat el terror, les Rambles han saltat directament de l'u al tres de cop i volta sense ni tan sols passar pel dos, amb una intensitat inusual, esborrant la pretesa acció del conductor terrorista, ja que no altra cosa és la sensació que sentim al nostre entorn, aquesta mena de germanor que impregna als vius que se saben vius després d'escapar de la mort i que uneix a tothom, cambrers, venedors de llaunes, turistes, locals passavolants, rics, pobres, botiguers i pispes, malgrat aquests últims, per llur professionalitat visceral, no puguin evitar seguir complint amb els seus deures d'escurar les butxaques, com acabo de veure ara mateix. Per això és important advertir als visitants que mai deixin de vigilar les seves pertinences, per molts atemptats i festes majors que es facin.

I va poder veure Manuel que les paraules d'en Quinqué es complien al peu de la lletra, amb una reacció de la gent absolutament exemplar, entregats tothom a ajudar el veí, a  consolar-lo, els  cambrers a servir cafès i aigües sense cobrar res, alguns dels pispes mostrant llurs virtuts més franciscanes, o els policies ordenant el tràfic i ajudant les persones que no sabien on anar.
-
 Vegi aquí de nou els efectes de les dimensions humanes que dèiem de les Rambles, que fan que tot allò que hi passa sigui cosa de tots, en sentir-se tothom més o menys protagonista de la seva història, la petita Història en majúscula que avui ha deixat la seva empremta de foc als seus anals. Admirable al cent per cent, Manuel!

Va pensar el titellaire que aquell ensurt inesperat havia estat com una baixada dràstica a la realitat, una caiguda a la tangibilitat del món, el qual de sobte adquiria una presència que fins llavors s'havia mantingut allunyada. I va comprendre que l'Extravagància que procedia de l'ou posat a la Cambreta tenia per funció connectar-lo no sols amb els planetes, amb els morts que feien turisme d'ultratomba pel Sistema Solar o amb els animals del Zoo que parlaven com filòsofs, sinó també amb les coses d'aquest món, les quals seguien la mateixa lògica de l'u que passa al dos, i del tercer que surt i es fuma un puro, malgrat la realitat no se'n fumi cap de puro. La lògica del dos que passa al tres era la lògica per la que pugnava el món en el seu conjunt, siguin vius o difunts, i una profunda emoció l'embargà en comprendre que havien estat els titelles els responsables d'aquesta transformació de l'ou en la retorta interior que l'enfilava cap el tres.

Van passar més de tres hores arraulits al balcó de l'hotel, sense que la policia deixés sortir a ningú, amb la sensació d'estar vivint uns moments especials que tenien a veure amb ells, amb la ciutat, amb les dinàmiques del món i amb les Rambles. Finalment, la tensió es relaxà i van poder baixar al carrer, on van ser obligats a desfilar pel carrer Boqueria, ja que el passeig central es mantenia tancat al públic.

martes, 10 de julio de 2018

24º Capítulo (2a parte): El Born





Insistió Quinqué en visitar el viejo mercado del Born, restaurado hace unos años y convertido en un memorial patriótico de la guerra de 1714. Ya lo había visto el titiritero, admirado de la transformación del antiguo mercado central de Barcelona, de una arquitectura imponente, víctima hoy de la instrumentalización propagandística de la que era objeto. Por eso no comprendía el interés del guía turístico.

- Sepa que este es uno de los monumentos que más me gusta visitar con mis clientes, al tratarse de un lugar ambiguo que es y no es lo que aparenta ser. Fíjese, Manuel, como aquellos que urdieron su restauración dieron en el clavo, no sé si a conciencia o por carambola, de crear un lugar único en la ciudad dedicado al Tiempo en mayúscula. Si tenemos en cuenta la dificultad que existe de hablar y de representar este misterio que es el tiempo, habrá que reconocer el mérito de este monumento que nos habla del tiempo a través del espacio, que es la única manera de pescarlo, porque los dos son socios desde la cuna, que se sepa. Yo espero que sus conciudadanos, una vez pasada la fiebre independentista y hayan conseguido resolver este problema irresoluble, con los años y una caña, eso sí, reconozcan y ensalcen el Born como el monumento que Barcelona ha consagrado al Tiempo, siendo quizás la primera de las ciudades del mundo que haya levantado un monumento de estas características, capaz de mostrar en un único espacio las dinámicas maravillosas del tiempo a través de esta fabulosa caja de resonancia donde las dimensiones se cruzan entre sí según leyes harmónicas e inharmòniques, con los juegos de las simetrías que sin embargo se distorsionan cuando tocan la realidad de la tierra y de las criaturas que la habitan.

Quizás tenía razón Quinqué y había aquí una extravagancia que se había colado disimulada detrás de la excusa patriótica, como si el Tiempo, que se las sabe todas, se hubiera infiltrado en el pensamiento de los autores del proyecto para encender una luz en su provecho.

- No lo dude, Manuel, porque salvo los discursos, las banderas y los contenidos de algunas exposiciones guerreras con las que abrieron la obra, por lo demás no hay nada que nos impida pensar lo que pensamos, al crear este juego de espejos de los diferentes pasados con el presente y con el futuro que se abre cuando miras hacia arriba y ves este espacio cerrado y abierto a la vez, con las estructuras del pensamiento racionalista que sin embargo no acaban de cerrar el conjunto, sino que se limitan a darle una cobertura abierta por los cuatro costados, para dar entrada a lo que nos llega de las lejanías cósmicas. Piense que junto con las iglesias, los mercados son los lugares donde la colectividad se junta para realizar una de las cosas básicas que hacemos los humanos, me refiero al mercadeo y al intercambio de los productos entre sí o por dinero. Dos espacios complementarios, los mercados y las iglesias: los unos para excitar la dinámica del contacto y del intercambio, los otros para detenerse, pensar y rezar. Por eso es tan interesante que se haya preservado uno de los bonitos, como es el caso del Born, sacándole los contenidos y dejándolo vacío, para que lo habiten las resonancias de lo que es y no es, que es tanto como decir de lo que se compra y se vende, es decir, de lo que se tiene y no se tiene, y para que permita pensar como el tiempo, en los humanos, se junta a la voluntad.

Contemplaban la imponente caja vacía del interior del viejo mercado del Born, que se levantaba sobre los dos niveles diferenciados de la ciudad antigua y de la actual, creando una extravagancia de líneas, planos y corrientes de fuerza que comunicaban épocas distintas entre si y las entrelazaban, en una dinámica reflexiva impactante, como si cada rincón, cada piedra o cada columna, fuera un espejo poliédrico que daba perspectivas diferentes de las realidades cruzadas. La monumentalidad vacía del edificio permitía que el detalle nos llevara al conjunto y al revés, el conjunto a los detalles sucesivos y poliédricos de las realidades reflejadas.

- Se dice en según qué ámbitos de la reflexión mundial, Manuel, que las religiones del futuro tendrán que ver con el tiempo y con la voluntad, por lo que si se cumple este designio, ya hay que ir imaginando donde estarán los lugares de culto y de pensamiento de estas realidades tan complejas e intangibles, y es en este sentido que el monumento del Born se configura como una clara anticipación de este tipo de espacios dedicados a la devoción o quizás mejor decir a la discusión y al interés colectivo en relación a estos dos conceptos fundamentales. Porque aquí tiempo y voluntad se conjugan a la perfección, primero por la fuerza volitiva que representa no sólo levantar una ciudad, sino también destruirla, para construir encima un mercado de estas características espaciales que se eleva con la majestuosidad de las simetrías arquitectónicas que buscan la belleza del arte. Y por otra parte, está la fuerza volitiva que significa el hecho de haber convertido un espacio tan preciado en pleno centro de la ciudad, en un monumento vacío dedicado a pensar el tiempo. Creo que nos encontramos ante una de estas extravagancias de primer orden y de altísima calidad y categoría que la ciudad de Barcelona es capaz de ofrecer hoy a sus nativos y a sus visitantes. Y mientras la Sagrada Familia se postula para convertirse en la futura Catedral Universal del mundo dedicada a todas las impostaciones exaltadas y a todas las creencias existentes, sean o no sean deístas, el Born apunta a convertirse en un sonado templo universal, además de local, dedicado a estas dos antiguas divinidades, hoy laicizada, que son el Tiempo y la Voluntad. ¡De cajón, Manuel!

Estaba admirado y chocado el titiritero de la vehemencia del guía turístico, que le despertaba resonancias interiores que tenían que ver con aquellas sensaciones vividas en el Aposento, cuando Kalim y Kilam representaron la extraordinaria función de títeres ante él y sus marionetas, con aquella facilidad con la que levantaban decorados y paisajes sólo por la simple voluntad de querer disponer de ellos al acto, una sensación que le hormigueaba por los brazos y por las manos. Se dio cuenta también hasta qué punto tenía razón Quinqué en relacionar tiempo y voluntad, ya que toda su obra de titiritero sólo se explicaba por el uso que había hecho del tiempo dedicado a este trabajo, con aquellas impresiones ambiguas sobre la velocidad del devenir, como si el hacer tuviera capacidad de contraer o estirar las duraciones de los días y de los años, uno de los motivos principales que le había llevado a encerrarse en el Aposento y, en definitiva, a poner el huevo de su extravagancia.

- Vea Manuel como aquí se nos abren las puertas para contemplar a estos dos planetas cargados de misterios, que son Júpiter y Saturno, los dos colosos del Sistema Solar, tradicionalmente relacionados con el poder expansivo y con el tiempo. Pero fíjese que la ventaja de un lugar como éste es que nos permite verlos sin verlos, quiero decir que no es necesario desplazarse sino que con pensarlos a nuestra manera basta, aprovechando el regalo de esta amplitud de espacio, porque salvando todas las distancias y las proporciones, a estos dos planetas gaseosos hoy por hoy es mejor verlos desde la distancia de la imaginación mental que desde sus satélite, maravillosos todos ellos, como por otra parte ya han empezado a hacer los de la NASA.

Hizo una pausa Quinqué y se tocó el bolsillo donde guardaba los puros pero retiró la mano al acto, como si se hubiera olvidado de algo.

- Lástima que aquí no dejen fumar, Manuel, un contrasentido al ser un espacio abierto, pero no seremos nosotros quienes discutamos estos arbitrios de las autoridades locales, que dicen hacerlo por nuestro bien, cuando bien sabido es que lo hacen para hacer la puñeta y porque les da la gana.

Se sentaron en uno de los bancos interiores del Born y sintió Manuel que ya hacía rato llevaba encendida la pipa interior. Era obvio que aquel mecanismo de fumarse a sí mismo constituía una manera de disponer de unos motores que le permitían despegar allí donde le apetecía, aunque fuera con la imaginación.

- Se dice, Manuel, que a los difuntos en su viaje más allá del sol, una vez cruzado Marte y conocidos los arquetipos de la vida material, su conciencia se amplía en las esferas de Júpiter y de Saturno. Su función es despojarles de lo que les queda de las viejas creencias y presupuestos, y ofrecerles nuevos planteamientos y formas de ver el mundo, que deberán usar cuando vayan aún más lejos, por las estrellas que nos rodean y los confines del Universo, el cual, al ser un huevo, aunque de tamaño impensable, se deja conocer por el intrépido espíritu viajero. Claro que de estos dominios es mejor no hablar para no desbarrar más de la cuenta, una precaución que desde la agencia Mercurio nos tomamos muy en serio.

Veía Manuel el espacio vacío del Born ocupado por astros y por esferas que se cruzaban y se superponían, configurando una réplica pequeña del universo que ahora se ensanchaba y ahora se reducía, como a veces hacen algunas películas de ciencia ficción que recrean estas magnitudes del cosmos. Se dio cuenta entonces que las esferas luminosas de Júpiter y de Saturno se habían instalado en el centro de la visión, quienes encarnaban las dos divinidades de las que había hablado Quinqué, la Voluntad expansiva y el Tiempo, al ser éstas las significaciones que la mitología les ha otorgado. La voluntad de Júpiter, rey de los dioses, es decir, de quien ostenta el poder porque así lo ha decidido, a pesar de que el fuego esencial del hacer sea cosa del Sol. A su lado, el Tiempo que siempre ha representado Saturno, sería el complemento adecuado a la actuación, dos caras de la misma moneda. Conocer los secretos de la voluntad y del tiempo debe ser lo que permite a las almas de los difuntos salir disparadas hacia el más allá del Universo, aptos para alimentarse de aquellas fuerzas cosmológicas que son esenciales para hacer el viaje de vuelta y reiniciar nuevos ciclos de vida.

- Lo ha entendido a la perfección, Manuel, eso es lo que le quería explicar. Y vea como el antiguo mercado del Born se ajusta punto por punto a su función futura de convertirse en un templo dedicado a estas dos ideas, en una clara anticipación que se inscribe en la extravagancia de Barcelona, a la que da un complemento de exquisita singularidad que le faltaba.

- ¿Quiere decir Quinqué que los actuales mandatarios de la ciudad lo ven de esta manera?

- Lo dudo, pero fíjese que los políticos y los responsables de las ciudades actúan finalmente sin saber demasiado, por no decir nada, lo que hacen, movidos por intuiciones que no vienen de ellos sino que proceden de visiones medias de futuro relacionadas con imponderables inauditos, como lo son por un lado los difuntos de la ciudad, que actúan a escondidas como es lógico que hagan, y, por otro lado, los millones de turistas que nos visitan, los cuales no se esconden pero inciden, afectan y dictan coordenadas de rebote, es decir, sin que nadie se dé cuenta. ¿No le parece extraordinario? Al ser tan impensables las causas que empujan las decisiones de los politicos, queda garantizada la dirección de los hechos y se abren las puertas a la avalancha de los cambios. ¡De cajón, Manuel!

Pensó el titiritero que asociar el tiempo a la voluntad era dar otra dimensión al espacio, el cual ya sabemos que cambia y se mueve por la acción de su compañero de baile, que bien podríamos denominar el culo inquieto del universo. El problema es que, debido a su naturaleza inquieta y azarosa, como es propio de cualquier bailarín con vocación y ganas de serlo, el tiempo tira por donde le da la gana, haciendo bailar al huevo de su creación, que es el espacio, a su aire, lo que explica que aquellos que habitamos en su seno nos vemos sometidos al capricho de esta danza, de la que no entendemos ni papa. Por eso tiene sentido asociar el tiempo a la voluntad, vista ésta como una facultad al alcance humano, es decir, como un primer intento de aprender los pasos de baile y de poderlos dirigir, como hacen los bailarines de tango que conocen los secretos de esta música.

- Desde luego, es una manera de explicarlo, pero yo le añadiría lo siguiente: esta pretensión, de un atrevimiento mayúsculo, tiene sólo viabilidad si se plantea desde la persona singular, quiero decir individualmente, mientras que la pretensión de hacer bailar al tiempo desde intereses y finalidades colectivas, acaba tarde o temprano en desastre. Esta ley terrible se cumple inexorablemente, ya que el tiempo es muy celoso de su competencia. Las decisiones individuales de hacer lo que uno quiera, las ve el tiempo como graciosos pasos de baile que excitan la creatividad, la suya y la de los mundos que gobierna, pero las impostaciones colectivas de quien quiere controlar las libertades individuales, el tiempo las rechaza como lo que son, simples impostaciones que atacan la esencia básica de su hacer, básicamente libertario. Esto, Manuel, es muy importante ya que garantiza un futuro amable a quienes se basan en los principios humanos por excelencia, que son los de la libertad, pero áspero y poco agradable para los que buscan soluciones colectivistas y totalitarias.

- Veo que es usted un optimista impenitente, Quinqué.

- Lo soy, sí señor. Ser pesimista puede ser útil en determinadas ocasiones, pero por regla general no lleva a ninguna parte. Y a pesar de que el pesimismo se adecúe más a la realidad del mundo, quién le negará esta evidencia, el optimismo es uno de los motores naturales que empuja la voluntad, por lo que podríamos decir que mientras la observación requiere de un cierto grado de pesimismo, la resolución y la acción piden, por el contrario, un cierto grado de optimismo. Por eso los generales, cuando excitan a sus hombres en los campos de batalla, les prometen el oro y el moro, y cuando las cosas están muy negras, una vía directa al paraíso, sea celestial o sea en un lugar preeminente en el Panteón de la patria, porque luchar por no tener nada que ganar, motiva poco.

Tenía razón Quinqué que la voluntad necesita sus estímulos, al igual que la extravagancia necesita la combustión interior de la pipa, y pensó Manuel que a pesar de no haber sido él un optimista incorregible como Quinqué, tampoco había pecado de pesimista, al requerir el trabajo de titiritero unos esfuerzos de espontánea sustentación, la cual tiene mucho que ver con la irracionalidad propia del optimismo. Y tal vez fuera esta misma sustentación la que había puesto el huevo así como propiciado la extravagancia resultante, cuyo mantenimiento tenía que ver con aquel principio de la voluntad individual asociada al tiempo, al ser un espacio moldeado por unas necesidades particulares de rastrear la ciudad y de conocer su relación con los mundos que nos rodean.

- Más claro, el agua, Manuel.

Y se dio cuenta el titiritero que a su Extravagancia le faltaba un punto que tenía que ver con este tema de la voluntad asociada a los títeres, que en definitiva era la herramienta empleada hasta ahora para vivir en este mundo. Una carencia a la que pronto tendría que enfrentarse.

24è Capítol (2a part): El Born




Va insistir Quinqué a visitar el vell mercat del Born, restaurat feia uns anys i convertit en un memorial patriòtic de la guerra del 1714. Ja l'havia vist el titellaire, admirat de la transformació que s'havia fet de l'antic mercat central de Barcelona, d'una arquitectura imponent, malgrat la instrumentalització propagandística de la que era objecte. Per això no comprenia l'interès del guia turístic.

- Sàpiga que aquest és un dels monuments que més m'agrada visitar amb els meus clients, en tractar-se d'un lloc ambigu que és i no és allò que aparenta ser. Fixi's, Manuel, com aquells que van ordir la seva restauració van donar en el clau, no sé si amb consciència o per carambola, de crear un lloc únic a la ciutat dedicat al Temps en majúscula. Si tenim en compte la dificultat que existeix de parlar i de representar aquest misteri que és el temps, haurà de reconèixer el mèrit d'aquest monument que ens parla del temps a través de l'espai, que és l'única manera de pescar-lo, perquè els dos són socis des del bressol, que se sàpiga. Jo espero que els seus conciutadans, un cop passada la febre independentista i hagin aconseguit resoldre aquest problema irresoluble, amb els anys i una canya, això sí, reconeguin i exalcin el Born com el monument que Barcelona ha consagrat al Temps, sent potser la primera de les ciutats del món que hagi aixecat un monument d'aquestes característiques, capaç de mostrar en un únic espai les dinàmiques meravelloses del temps a través d'aquesta fabulosa caixa de ressonància on les dimensions es creuen entre si segons lleis harmòniques i inharmòniques, amb els jocs de les simetries que tanmateix es distorsionen quan toquen la realitat de la terra i de les criatures que la poblen.

Potser tenia raó en Quinqué i hi havia aquí una extravagància que s'havia colat dissimulada darrere l'excusa patriòtica, com si el Temps, que se les sap totes, s'hagués esmunyit en el pensament dels autors del projecte per encendre una llum en el seu profit.

- No ho dubti, Manuel, perquè llevat dels discursos, les banderes i els continguts d'algunes exposicions guerreres amb les que van obrir l'obra, pel demés no hi ha res que ens privi de pensar el que pensem, en crear aquest joc de miralls dels diferents passats amb el present i amb el futur que s'obra quan mires enlaire i veus aquest espai tancat i obert a la vegada, amb les estructures del pensament racionalista que tanmateix no acaben de tancar el conjunt, sinó que es limiten a donar-li una cobertura destapada per tots quatre cantons, per deixar entrar allò que ens arriba de les llunyanies còsmiques. Pensi que junt amb les esglésies, els mercats són els llocs on la col·lectivitat s'ajunta per realitzar una de les coses bàsiques que fem els humans, em refereixo al mercadeig i a l'intercanvi dels productes entre si o per diners. Dos espais complementaris, els mercats i les esglésies: els uns per excitar la dinàmica del contacte i del intercanvi, els altres per aturar-se, pensar i resar. Per això és tan interessant que se n'hagi preservat un dels bonics, com és el cas del Born, traient-li els continguts i deixant-lo buit, perquè l'habitin les ressonàncies d'allò que és i no és, que és tant com dir d'allò que es compra i es ven, és a dir, allò que es té i no es té, i perquè permeti pensar com el temps, en els humans, s'ajunta a la voluntat.

Contemplaven la imponent caixa buida de l'interior del vell mercat del Born, que s'aixecava sobre els dos nivells diferenciats de la ciutat antiga i de l'actual, creant una extravagància de línies, plans i corrents de força que comunicaven èpoques distintes entre si i les entrellaçaven, en una dinàmica reflexiva impactant, com si cada racó, cada pedra o cada columna, fos un mirall polièdric que donava perspectives diferents de les realitats creuades. La monumentalitat buida de l'edifici permetia que el detall ens adrecés al conjunt i a l'inrevés, el conjunt als detalls successius i polièdrics de les realitats reflectides.

- Es diu en segons quins àmbits de la reflexió mundial, senyor Manuel, que les religions del futur tindran a veure amb el temps i amb la voluntat, de manera que si es compleix aquest designi, ja cal que anem imaginant on carall seran els llocs de culte o de pensament d'aquestes realitats tan complexes i intangibles, i és en aquest sentit que el monument del Born es configura com una clara anticipació d'aquest tipus d'espais dedicats  a la devoció o potser millor dir a la discussió i al interès col·lectiu envers aquests dos conceptes fonamentals. Perquè aquí temps i voluntat es conjuguen a la perfecció, primer per la força volitiva que representa no sols aixecar una ciutat, sinó també destruir-la, per construir-hi a sobre un mercat d'aquestes característiques espacials que s'enlaira en la majestuositat de les simetries arquitectòniques que busquen la bellesa de l'art. I per altra part, la força volitiva que significa el fet d'haver convertit un espai tan preuat al centre de la ciutat en un monument buit dedicat a pensar el temps. Crec que ens trobem davant d'una d'aquestes extravagàncies de primer ordre i d'altíssima qualitat i categoria que la ciutat de Barcelona és capaç d'oferir avui als seus nadius i als seus visitants. I mentre la Sagrada Família es postula per esdevenir la futura Catedral Universal del món dedicada a totes les impostacions exaltades i a totes les creences existents, siguin o no siguin deistes, el Born apunta a convertir-se en un sonat temple universal, a més de local, dedicat a aquestes dues antigues divinitats, avui laïcitzades, que són el Temps i la Voluntat. De caixó, Manuel!

Estava admirat i xocat el titellaire de la vehemència del guia turístic, que li despertava ressonàncies interiors que tenien a veure amb aquelles sensacions viscudes a la Cambreta, quan en Kalim i Kilam van representar l'extraordinària funció de titelles davant seu i de les seves marionetes, amb aquella facilitat amb la que aixecaven decorats i paisatges només per la simple voluntat de voler-los tenir i disposar-ne a l'acte, una sensació que li formiguejava pels braços i per les mans. S'adonà també fins a quin punt tenia raó en Quinqué de relacionar temps i voluntat, ja que tota la seva obra de titellaire només s'explicava per l'ús que havia fet del temps dedicat a aquesta feina, amb aquelles impressions ambigües sobre la velocitat de l'esdevenir, com si el fer tingués capacitat de contraure o estirar les duracions dels dies i dels anys, un dels motius principals que l'havia portat a tancar-se a la Cambreta i, en definitiva, a posar l'ou de la seva extravagància.

- Vegi Manuel que aquí se'ns obren les portes per contemplar aquests dos planetes carregats de misteris, que són Júpiter i Saturn, els dos colossos del Sistema Solar, tradicionalment relacionats amb el poder expansiu i amb el temps. Però fixi's que l'avantatge d'un lloc com aquest és que ens permet veure'ls sense veure'ls, vull dir que no cal desplaçar-s'hi sinó que amb pensar-los a la nostra manera n'hi ha prou, aprofitant el regal d'aquesta amplitud d'espai, perquè salvant totes les distàncies i les proporcions, a aquests dos planetes gasosos ara per ara és millor veure'ls des de la distància de la imaginació visual que des dels seus satèl·lits, meravellosos tots ells, com per altra part ja han començat a explorar els de la NASA.

Va fer una pausa en Quinqué i es tocà la butxaca on guardava els puros però la retirà a l'acte, com si s'hagués oblidat d'una cosa.

- Llàstima que aquí no deixin fumar, Manuel, un contrasentit en ser un espai obert, però no serem nosaltres els qui discutim aquests arbitris de les autoritats locals, que ho fan diuen pel nostre bé, quan ben sabut és que ho fan per fer la punyeta i perquè els dóna la gana.

Van seure a un dels bancs interiors del Born i va sentir en Manuel que ja feia estona tenia el foc de la seva pipa interior encès. Era obvi que aquell mecanisme de fumar-se a si mateix constituïa una manera de disposar d'uns motors que el permetien enlairar-se allà on li venia de gust, ni que fos amb la ment.

- Es diu, Manuel, que als difunts en llur viatge més enllà del sol, un cop creuat Mart i conegut els arquetips de la vida material, la seva consciència s'amplia en les esferes de Júpiter i de Saturn. Llur funció és desposseir-los d'allò que els quedava de les velles creences i pressupòsits, i oferir-los nous plantejaments i maneres de veure el món, que hauran de trobar quan vagin encara més lluny, per les estrelles que ens envolten i els confins de l'Univers, el qual, en ser un ou, tot i que de mides descomunals, es deixa apamar i conèixer per l'intrèpid esperit viatger. Clar que d'aquests dominis és millor no parlar-ne per no desbarrar més del compte, una precaució que des de l'agència Mercuri tenim molt present.

Veia Manuel l'espai buit del Born ocupat per astres i per esferes que es creuaven i es superposaven, configurant una rèplica petita de l'univers que ara s'eixamplava i ara es reduïa, com a vegades fan algunes pel·lícules de ciència ficció que recreen aquestes magnituds del cosmos. S'adonà llavors que les esferes lluminoses de Júpiter i de Saturn s'havien instal·lat al centre de la visió, els quals encarnaven les dues divinitats de les que havia parlat en Quinqué, la Voluntat expansiva i el Temps, en ser aquestes les significacions que la mitologia els hi ha donat. La voluntat que té el rei dels déus, és a dir, de qui ostenta el poder perquè així ho ha decidit, malgrat el foc essencial del fer sigui cosa del Sol. Al seu costat, el Temps que sempre ha representat Saturn, seria el complement adequat al fer, dues cares de la mateixa moneda. Conèixer els secrets de la voluntat i del temps deu ser allò que permet a les ànimes dels difunts sortir disparades vers el més enllà de l'Univers, aptes per alimentar-se d'aquelles forces cosmològiques que són essencials per fer el viatge de tornada i reiniciar nous cicles de vida.

- Ho ha entès a la perfecció, Manuel, això és el que li volia explicar. I vegi com l'antic mercat del Born s'ajusta fil per randa a la seva funció futura d'esdevenir un temple dedicat a aquestes dues idees, en una clara anticipació que s'inscriu en l'extravagància de Barcelona, a la qual dóna un complement d'exquisida singularitat que li faltava.

- Vol dir Quinqué que els actuals administradors de la ciutat ho veuen d'aquesta manera?

- Ho dubto, però vegi com els polítics i els responsables de les ciutats actuen finalment sense saber massa per no dir gens, allò que fan, moguts per intuïcions que no venen d'ells sinó que procedeixen de visions mitjanes de futur relacionades amb imponderables del tot inaudits, com ho són d'una banda els difunts de la ciutat, que actuen d'amagat com és lògic que facin, i de l'altra banda, els milions de turistes que ens visiten, els quals no s'amaguen però incideixen, afecten i dicten coordenades de retruc, és a dir, sense que ningú se n’adoni. No li sembla extraordinari? En ser tan impensables les causes que empenyen llurs decisions, queda garantida la direcció dels fets, els polítics fan la seva feina i s'obren les portes a l'allau dels canvis. De caixó, Manuel!

Va pensar el titellaire que associar el temps a la voluntat era donar una altra dimensió a l'espai, el qual ja sabem que canvia i es belluga per l'acció del seu company de ball, que bé podríem denominar el cul inquiet de l'Univers. El problema és que, a causa de la seva naturalesa bellugadissa  i atzarosa, com és propi de qualsevol ballarí amb vocació i ganes de ser-ho, el temps tira per on li dóna la gana, fent ballar l'ou de la seva creació, que és l'espai, al seu aire, cosa que explica que aquells que habitem al seu si ens veiem sotmesos al caprici d'aquesta dansa, de la que no entenem ni un borrall. Per això té sentit associar el temps a la voluntat, vista com una facultat a l'abast humà, és a dir, com un primer intent d'aprendre els passos de ball i de poder-los dirigir, com fan els ballarins de tango que coneixen els secrets d'aquesta música.

- És una manera d'explicar-ho, sí senyor, però jo li afegiria el següent: aquesta pretensió, d'un agosarament majúscul, té només viabilitat si es planteja des de la persona singular, vull dir individualment, mentre que la pretensió de fer ballar el temps des d'interessos i finalitats col·lectives, acaba tard o d'hora en desastre. Aquesta llei terrible es compleix inexorablement, ja que el temps és molt gelós de la seva competència. Les decisions individuals de fer el que un vulgui, les veu el temps com graciosos passos de ball que exciten la creativitat, la seva i la dels móns que governa, però les impostacions col·lectives de qui vol controlar les llibertats individuals, el temps les rebutja com allò que són, simples impostacions  que ataquen l'essència bàsica del seu fer, bàsicament llibertari. Això, senyor Manuel, és molt important ja que garanteix un futur amable als qui es basen en els principis humans per excel·lència, que són els de la llibertat, però eixut i poc agradable per als qui cerquen solucions col·lectivistes i totalitàries.

- Veig que vostè és un optimista impenitent, Quinqué.

- Ho sóc, sí senyor. Ser pessimista pot ser útil en determinades ocasions, però per regla general no porta enlloc. I malgrat que el pessimisme s'adapti més a la realitat del món, qui li negarà aquesta evidència, l'optimisme és un dels motors naturals que empeny la voluntat, de manera que podríem dir que mentre l'observació requereix d'un certs graus de pessimisme, la resolució i l'acció demanen, pel contrari, un certs graus d'optimisme. Per això els generals, quan exciten els seus homes als camps de batalla, els prometen l'oro i el moro, i quan les coses es posen magres, una via directa al paradís, sigui celestial o sigui en un lloc preeminent al Panteó de la Pàtria, perquè lluitar per no tenir res a guanyar, motiva poc.

Tenia raó en Quinqué que la voluntat necessita els seus estímuls, de la mateixa manera que l'extravagància necessita la combustió interior de la pipa, i pensà en Manuel que malgrat ell no havia sigut un optimista incorregible com ho era en Quinqué, tampoc havia pecat de pessimista, en requerir la feina de titellaire uns esforços d'espontània sustentació, la qual té molt a veure amb la irracionalitat pròpia de l'optimisme. I potser era aquesta mateix sustentació la que havia covat l'ou així com propiciat l'extravagància que en resultava, el manteniment de la qual tenia a veure amb aquell principi de la voluntat individual associada al temps, en ser un espai modelat per unes necessitats particulars d'apamar la ciutat i de conèixer la seva relació amb els móns que ens envolten.

- Més clar, l'aigua, Manuel.

I s'adonà llavors el titellaire que a la seva Extravagància li mancava encara un punt que tenia que veure precisament amb aquest tema de la voluntat associat als titelles, que en definitiva era l'eina que fins ara havia emprat per viure en aquest món. Una mancança que s'ensumava hauria d'enfrontar ben aviat.

jueves, 28 de junio de 2018

23º Capítulo (2a parte): Marte




Permanecían sentados sobre una roca que dominaba una extensión grande de terreno polvoriento de tonos rojizos, propio de este planeta que visto desde la Tierra aparece siempre de color rojo. No se sorprendió Manuel de aquel traslado tan fulminante, quizá porque lo esperaba hacía días. Para ampliar los límites de la ciudad necesitaba grandes espacios abiertos más ciertas coordenadas que multiplicaban las resonancias. Y ahora que había aprendido la lógica sin lógica de estas relaciones, supo que el huevo instalado en su interior con funciones de pipa, era el mismo que el de la Heliosfera que conformaba el Sistema Solar.

Mientras así pensaba su cliente, consideró Quinqué que el promontorio de Marte era un lugar excelente para encender un puro e invitó a Manuel a hacer lo mismo, armándose ambos de dos magníficas Brevas de Quintero, que en aquella atmósfera fría y seca del planeta rojo quemaron con enorme satisfacción de los fumadores.

- Ya ve, Manuel, como las cosas de este mundo nos llevan a las que están un poco más lejos, moviéndonos arriba y abajo por el cielo del Sistema Solar que usted, con su imaginación tan bien documentada, ha bautizado con el nombre de huevo heliosférico. Un huevo, por cierto, que los científicos actuales han visto que tiene cola o más bien dos colas, tal es la forma de media luna que le da su velocidad de traslación moviéndose por el espacio como un cohete monumental hacia no se sabe dónde. ¿Y qué puedo decirle de este planeta tan imaginado por los humanos, y que ahora los astrónomos y astrofísicos de la Tierra tienen en su punto de mira, ansiosos de encontrar algunas mínimas condiciones de habitabilidad, siendo el agua el elemento más buscado por su escasez casi total? Aquí la verdad es que yo no me quedaría a vivir, aunque sea con las condiciones de la agencia Mercurio. Y sin embargo, pese a sus dimensiones, algo superiores a las de Mercurio pero bastante por debajo de Venus y de la misma Tierra, no deja de ser Marte un planeta de los importantes, por lo cerca que está a nosotros, en una especie de simetría de oposición con Venus, como si fueran dos miembros de un matrimonio de estos profesionales y mal avenidos, de los que se buscan en secreto y se rechazan de inmediato, hartos de discutir siempre de lo mismo, cada uno obsesionado en sus cosas.

Contemplaba Manuel el cielo, con un sol algo más pequeño que el de la Tierra, cuyo rebote de luz daba aquella atmósfera de un pálido rojizo que permitía ver bien los detalles topográficos del entorno, con una mirada sin embargo obstinada a abrir capas, ventanas y puertas escondidas.

- Tiene razón, Manuel, de pensar lo que piensa, lo decía el otro día el señor Mercurio mientras tomábamos un café con un buen habano en las manos -el señor Mercurio, sabe, fuma Cohibas especiales que le traen de Cuba-, decía que el problema de Marte era uno de los más acuciantes que tenemos los humanos, ahora que las guerras están en alza y se disparan como si nada, con unas fuerzas destructoras de muchas cargas de potencia, y que hasta que no se resuelva este problema, estaremos todos en la cuerda floja.

Hizo una larga pipada de su puro y continuó hablando del siguiente modo:

- Piense que antes, Manuel, con una orden jupiteriana bien dada, por muchas razones que se presentaran, Marte se cuadraba y se pasaba a otro capítulo, para volver a empezar a la primera de cambio, por supuesto. Pero ahora ya ha visto por donde anda el pobre Marte, perdido por los rincones más abandonados de este mundo, comido por la nostalgia, los recuerdos o por los rencores. La fragmentación que reina hoy en el mundo hace que de Martes como el que hemos visto en el Café de la Paz, los haya a miles, en todas las ciudades del mundo, arrastrándose por los antros más truculentos, vencidos y deprimidos, aunque dignos y orgullosos la mayoría, o enrolados algunos en grupúsculos díscolos y sanguinarios. Ahora bien, ¿se han acabado las guerras por ello? Basta con abrir la página de cualquier periódico del mundo para saber que no. Son los humanos los que han cogido la sartén por el mango y los que gobiernan hoy la paz y la guerra. Y así vamos, porque somos como niños que juegan con fuego.

Escuchaba Manuel al guía turístico con atención, atento a unas significaciones que iban más allá de las palabras y del mundo donde se encontraban.

- Por otra parte, Manuel, vea como las turbulencias de los planetas, por muy latentes y silenciosas que sean, suelen proyectarse hacia el exterior, como si les faltase aquella fuerza indispensable para retenerlas en su círculo de influencia, como hace la Tierra, que no deja escapar ni una nube, por mucho que sople el viento. Esto explica no pocas cosas, como es evidente. También dicen que Marte está viviendo unos procesos interiores de los más misteriosos, ya que del mismo modo que hemos visto cómo los finados del mundo pasan por la Luna, Mercurio, Venus y el Sol, también pasan por Marte, donde deben resolver este tema de la guerra entre las almas, un tour de force de los más rebuscados, ya que aquí no se las ven con debilidades emocionales más o menos superables según los esfuerzos volitivos, sino que se enfrentan a movimientos que tienen vida propia y una potencia de muchos kilovatios de alma. Es decir, se mueven en este reino indescifrable que es el del Espíritu. Y por eso se dice que los más esforzados de los mortales en estado de óbito trabajan en la solución del problema, a la manera de mecánicos de la ultratumba en misión especial, para el bien de todos, entregados a un trabajo de altas responsabilidades cosmológicas. Ahora bien, ¿en qué consiste este trabajo?, ni el señor Mercurio lo sabe, al tratarse de unos asuntos que escapan a nuestras atribuciones, a pesar de que podamos intuir su quid.

Pensó Manuel que la solución de este rompecabezas irresoluble de las partes opuestas obcecadas en sus convicciones irrenunciables, sólo podía venir de aquel paso del dos al tres del que ya habían hablado con Quinqué cuando trataron la cuestión de la independencia de Cataluña. Pero comprendió que establecer este nuevo patrón en las esferas más elevadas de los grandes arquetipos, los que gobiernan el huevo del Sistema Solar y que influye tanto en la práctica diaria de los humanos como en las fuerzas de los mundos físicos que se oponen entre sí, era un trabajo de titanes, por decirlo en términos poéticos.

- Ha dado en el clavo, Manuel, no lo podía haber expresado mejor, ya que sobre estas cuestiones hemos hablado profusamente con el señor Mercurio, el cual como es lógico tiene sus ideas al respecto, y veo que coinciden bastante en pensar que no basta con establecer la nueva fórmula del 1+2 = 3, que hasta los niños se saben de memoria, sino que hay que aplicarla en todas las esferas de la vida que son muchas. Por eso es tan importante el trabajo que hacen en Marte estos difuntos que se proponen alzar una extravagancia de infinitas pretensiones, ya que en definitiva esa es su función principal, abriendo unas nuevas puertas por donde a partir de ahora, los difuntos en su tránsito por el huevo del Sistema Solar, puedan salir disparados hacia Júpiter, Saturno y aún más allá, hacia las estrellas más cercanas e incluso lejanas, sin quedar atrapados por las inacabables batallas de Marte. Unos destinos los suyos que se escapan a nuestra comprensión, en su viaje de ida y vuelta en el caso de que quieran retornar al huevo solar y a la Tierra, claro está.

Se quedó Manuel en un estado de indefinible suspensión temporal, embelesado por las palabras de Quinqué, que se sumaron al humo de los nobles cigarros encendidos y a la visión del cielo que empezaba a oscurecerse a medida que el Sol se acercaba al horizonte marciano. Y casi sin solución de continuidad, el cielo estrellado de la noche se impuso. Reinó de repente la luminosidad intensa de los astros de nuestra galaxia y de las de más allá, que se dejaban ver como los integrantes de un gigantesco huevo cósmico que integraba todo el Universo. Su lógica, si es que tenía alguna, tal vez habría que buscarla en el más pequeño de los huevos terráqueos, siendo el de dimensiones humanas quizá el huevo medio que como decían las viejas escuelas reunía el micro y el macrocosmos.

- Todo esto es una verdad como un templo, Manuel. Le he estado escuchando en su discurrir y pienso como usted que somos este punto medio del Universo, como si fuéramos un ojo capaz de mirar hacia todas las direcciones. Y es obvio que al ser conscientes de ello, todas las entidades de éste y de los otros mundos se sientan cuestionadas por nuestra mirada y la quieran manipular y hacerla suya, lo que explica las trabas que vivimos hoy los humanos, asaltados por todos lados en mil batallas cosmológicas. Y por eso es tan importante que lleguemos a conocer bien este huevo medio que es nuestra extravagancia, la cual sólo se ve y se conoce cuando se la construye, es decir, desde la práctica de su alzado.

Tuvo entonces Manuel una extraña visión al contemplar la gran explanada que se extendía en la oscuridad de Marte. Descubrió de repente unas siluetas que se agitaban como espectros en la penumbra de la noche marciana. Distinguió, borrosas primero y después nítidas, las figuras de poderosos guerreros, ataviados de armaduras enfáticas y caprichosas, que parecían venir de otras galaxias, con lanzas, espadas y escudos que recordaban las mil épocas inimaginables de la historia humana. Se enfrentaban entre sí con gran despliegue de fuerzas, en una lucha frenética pero silenciosa, lo que la hacía aún más impresionante y patética. Y comprendió Manuel que aquellos guerreros no eran otros que los viejos arquetipos de la Tierra y del Universo, las ideas principales que gobiernan y han gobernado los mundos, irrenunciables para sus combatientes, que las encarnan y las hacen suyas hasta la muerte. Aquellos guerreros, pese a caer en su lucha, eran sustituidos de inmediato por otros que se les parecían por lo que el combate no tenía fin. También vio en unas alturas de aquellas explanadas polvorientas unas luces que permanecían tranquilas sin dejarse llevar por la agitación de los campos de batalla, las cuales dibujaban formas volubles y curiosas de ver, y se preguntó si no serían aquellas las almas de las que había hablado Quinqué, que trabajaban para levantar en Marte la extravagancia de un mundo donde los conflictos se resolvían de otra manera.
Pensó que tal vez sería imposible impedir que hubiera guerreros y tozudos emprendedores con ganas de bulla, habiendo tanta violencia en el Universo, pero que tal vez había estratagemas de creación que permitían reconducir las energías, a través de nuevas arquitecturas de una exuberancia monumental.

- Sobre estas cuestiones discuten las almas que levantan aquí su extravagancia, aunque no hay mucho que discutir, ya que también en Marte se cumple el principio universal de las habas contadas. Y es que las matemáticas, por mucho que se las quiera lidiar con hiperbólicas deformaciones de la realidad, acaban imponiendo sus números caiga quien caiga.

La visión fantasmagórica de los combatientes y de las almas que permanecían quietas en sus arquitecturas lumínicas, se esfumó poco a poco, y volvió a imponerse la grandeza del cielo nocturno de Marte. Se fijó entonces en una estrella más luminosa que otras de una tonalidad azulada.

- ¡La Tierra, Manuel! Aquel puntito de luz es nuestro planeta que nos mira como nosotros lo miramos a él. Si tuviéramos un telescopio veríamos la luna que da vueltas a su alrededor y quizás con un poco de suerte las luces de las ciudades más importantes, con sus humanitos dentro de cuerpo tangible, al encontrarse todavía en el ámbito de la vida, proclives por ello al goce y al uso de los sentidos.

Pensó Manuel hasta qué punto le estaba siendo útil la Extravagancia que construía, al permitirle disfrutar de estos cambios de perspectiva, esenciales para tener una idea del conjunto en el que estamos. Visto desde esta óptica, la vida en el planeta y nuestra propia existencia no serían más que la extravagancia creada por el huevo Heliosférico del Sistena Solar, el cual se expresaba de este modo en su girar el sol como una peonza mientras se desplaza a grandes velocidades con todo su equipo por los espacios de la Galaxia. ¿Qué misterios habría en estos otros planetas más alejados del sol y de la Tierra? Júpiter, Urano, Saturno, Neptuno, Plutón ...

Y mientras su imaginación se estiraba en aquellas visiones lejanas del Sistema Solar, el humo del cigarro que fumaba empezó a convertirse poco a poco en la atmósfera cargada de la sala del Café de la Paz donde los dos boxeadores seguían propinándose golpes. El viejo de los tatuajes y la cabeza rapada había desaparecido de la mesa vecina.